Libreto Litúrgico I Miércoles de Ceniza

 

LIBRETO LITURGICO
                                                                
LITURGIA DE LA PALABRA
EN EL
MIERCOLES DE CENIZA

PRESIDE
S.E.R. MONS. LUIS ROMÁN GALVÁN
ARZOBISPO METROPOLITANO DE MEDELLÍN
                                                                
CATEDRAL METROPOLITANA DE MEDELLÍN
17.02.2026

Una vez reunido el pueblo, el arzobispo se dirige al altar con los ministros, durante el canto de entrada.

ANTÍFONA DE ENTRADA
(Cf. Sb 11, 23.24.26)

Si no hay canto de entrada, se recita la antífona:
Señor, tú eres misericordioso con todos y no aborreces nada de lo que has hecho, cierras los ojos a los pecados de los hombres para que se arrepientan y los perdonas, porque tú eres el Señor, nuestro Dios.

Llegado al altar y habiendo hecho la debida reverencia, besarlo en señal de veneración y, si procede, inciensarlo. Luego todos van a las sillas.
 
Ante la asamblea reunida, al terminar el canto de entrada, el arzobispo dice:
En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.
        Amén
 
El arzobispo saluda al pueblo con una de las fórmulas siguientes:
La gracia y el amor de Jesucristo, que nos llama a la conversión, esté con todos ustedes.
        Y con tu espíritu.
 
El diácono u otro ministro debidamente preparado podrá, en breves palabras, introducir a los fieles en la misa del día. Puede valerse de estas u otras palabras:
Hermanos y hermanas, hoy comenzamos la Cuaresma, un tiempo que la Iglesia ofrece para convertirnos, orar más, practicar la caridad y aprender a vivir el Evangelio con mayor fidelidad. Al recibir la ceniza recordamos que somos frágiles y que necesitamos cambiar el corazón para volver a Dios. Participemos con fe en esta celebración.
 
ORACION COLECTA
 
Acabado el himno, el arzobispo, con las manos juntas, dice:
Oremos.
Señor nuestro, concédenos iniciar con el santo ayuno cuaresmal un camino de verdadera conversión y de afrontar con la penitencia la lucha contra el espíritu del mal. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo, y es Dios, por los siglos de los siglos.
         Amén.
 
LITURGIA DE LA PALABRA
 
PRIMERA LECTURA
(Jl. 2, 12-18)

 Desgarren su corazón y no sus vestiduras

Lector: Del libro del profeta Joel:
Ahora dice el Señor: Vuelvan a mí de todo corazón, con ayuno, llantos y lamentos. Desgarren su corazón y no sus vestiduras, y vuelvan al Señor, su Dios, porque Él es bondadoso y compasivo, lento para la ira y rico en fidelidad, y se arrepiente de sus amenazas. ¡Quién sabe si él no se volverá atrás y se arrepentirá, y dejará detrás de sí una bendición: la ofrenda y la libación para el Señor, su Dios!

¡Toquen la trompeta en Sión, prescriban un ayuno, convoquen a una reunión solemne, reúnan al pueblo, convoquen a la asamblea, congreguen a los ancianos, reúnan a los pequeños y a los niños de pecho! ¡Que el recién casado salga de su alcoba y la recién casada de su lecho nupcial!

Entre el vestíbulo y el altar lloren los sacerdotes, los ministros del Señor, y digan: «¡Perdona, Señor, a tu pueblo, no entregues tu herencia al oprobio, y que las naciones no se burlen de ella! ¿Por qué se ha de decir entre los pueblos: Dónde está su Dios?»
    El Señor se llenó de celos por su tierra y se compadeció de su pueblo.

Lector: Palabra de Dios.
℟.: Te alabamos, Señor.
 
SALMO RESPONSORIAL
(Sal 50)

℟. ¡Ten piedad, Señor, porque hemos pecado!

¡Ten piedad de mí, Señor, por tu bondad,
por tu gran compasión, borra mis faltas!
¡Lávame totalmente de mi culpa
y purifícame de mi pecado! ℟.

Porque yo reconozco mis faltas
y mi pecado está siempre ante mí.
Contra ti, contra ti solo pequé
e hice lo que es malo a tus ojos. ℟.

Crea en mí, Dios mío, un corazón puro,
y renueva la firmeza de mi espíritu.
No me arrojes lejos de tu presencia
ni retires de mí tu santo espíritu. ℟.

Devuélveme la alegría de tu salvación,
que tu espíritu generoso me sostenga:
Abre mis labios, Señor,
y mi boca proclamará tu alabanza. ℟.

SEGUNDA LECTURA
(2Cor. 5, 20, 6, 2)
 
 Déjense reconciliar con Dios. Este es el tiempo favorable

Lector: De la segunda carta del apóstol San Pablo a los corintios:
Hermanos:
Nosotros somos embajadores de Cristo, y es Dios el que exhorta a los hombres por intermedio nuestro. Por eso, les suplicamos en nombre de Cristo: déjense reconciliar con Dios. A Aquel que no conoció el pecado, Dios lo identificó con el pecado en favor nuestro, a fin de que nosotros seamos justificados por Él.

Y porque somos sus colaboradores, los exhortamos a no recibir en vano la gracia de Dios. Porque Él nos dice en la Escritura: "En el momento favorable te escuché, y en el día de la salvación te socorrí". Este es el tiempo favorable, este es el día de la salvación.

Lector: Palabra de Dios.
℟.: Te alabamos, Señor.

ACLAMACIÓN ANTES DEL EVANGELIO
(Cf. Sal 94, 8a. 7d)
 
¡HONOR Y GLORIA A TI, SEÑOR JESÚS!
 
℣.No endurezcan su corazón, sino escuchen la voz del Señor.

¡HONOR Y GLORIA A TI, SEÑOR JESÚS!
 
Mientras tanto, el arzobispo coloca incienso en el incensario. El diácono, que proclamará el Evangelio, inclinándose profundamente ante el sacerdote, pide en voz baja la bendición:
℣.: Padre, dame tu bendición.

El arzobispo dice en voz baja:
Pres.:
 El Señor esté en tu corazón y en tus labios, para que anuncies dignamente su Evangelio; en el nombre del Padre, y del Hijo  y del Espíritu Santo.
        Amén.
 
EVANGELIO
(Mt. 6, 1-6. 16-18)
  
 Tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará

Después el diácono va al ambón, y dice:
El Señor esté con ustedes.
        Y con tu espíritu.

El diácono dice:
 Lectura del santo Evangelio según san Mateo.
        Gloria a ti, Señor.
 
Luego el diácono inciensa el libro y proclama el Evangelio.
J
esús dijo a sus discípulos:
Tengan cuidado de no practicar su justicia delante de los hombres para ser vistos por ellos: de lo contrario, no recibirán ninguna recompensa del Padre que está en el cielo. Por lo tanto, cuando des limosna, no lo vayas pregonando delante de ti, como hacen los hipócritas en las sinagogas y en las calles, para ser honrados por los hombres. Les aseguro que ellos ya tienen su recompensa.

Cuando tú des limosna, que tu mano izquierda ignore lo que hace la derecha, para que tu limosna quede en secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará.

Cuando ustedes oren, no hagan como los hipócritas: a ellos les gusta orar de pie en las sinagogas y en las esquinas de las calles, para ser vistos. Les aseguro que ellos ya tienen su recompensa.

Tú, en cambio, cuando ores, retírate a tu habitación, cierra la puerta y ora a tu Padre que está en lo secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará.

Cuando ustedes ayunen, no pongan cara triste, como hacen los hipócritas, que desfiguran su rostro para que se note que ayunan. Les aseguro que con eso, ya han recibido su recompensa.

Tú, en cambio, cuando ayunes, perfuma tu cabeza y lava tu rostro, para que tu ayuno no sea conocido por los hombres, sino por tu Padre que está en lo secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará.

Palabra del Señor.
        Gloria a ti, Señor Jesús.
 
Luego besa el libro, diciendo la oración en silencio.
 
HOMILÍA 
Luego el 
arzobispo pronuncia la homilía.

BENDICION E IMPOCISION DE LA CENIZA

Después de la homilía el arzobispo, de pie, con las manos juntas dice:
Queridos hermanos:
Oremos a Dios, nuestro Padre, para que se digne bendecir con su gracia estas cenizas que vamos a imponer sobre nuestras cabezas en señal de penitencia.

Y después de una breve oración en silencio, prosigue con las manos extendidas:
Dios nuestro,
que te conmueves ante quienes se humillan y hacen penitencia,
escucha con bondad nuestra súplica
y derrama la gracia  de tu bendición
sobre estos hijos tuyos que van a recibir las cenizas,
para que sean fieles a las prácticas cuaresmales
y así lleguen a celebrar, con un corazón puro,
el misterio pascual de tu Hijo.
Por Jesucristo, nuestro Señor:
        Amén.

Y rocía con agua bendita las cenizas, sin decir nada.
 
Seguidamente, todos los fieles se acercan al que impone la ceniza sobre ellos; a cada uno le dice:
Conviértete y cree en el Evangelio                                            (Cf. Mc 1, 15)

Mientras tanto se canta algo apropiado.
 
Acabada la imposición de las cenizas, el arzobispo se lava las manos.

ORACION DE LOS FIELES

El arzobispo dice:
En esste tiempo de conversión, oremos hermanos a Dios Padre por todos los hombres. Digámosle confiadamente:
        Escúchanos, Señor.

Alguno de los presentes pronuncia las preces:
Para que el Señor, que consagró con su ayuno los días de la Santa Cuaresma, bendiga a los penitentes de su Iglesia y la proteja de los ataques del enemigo. Oremos:
        Escúchanos, Señor.

Para que se apiade de todos los hombres y les conceda el arrepentimiento a cuantos viven apartados del bien. Oremos:
        Escúchanos, Señor.

Para que socorra a cuantos padecen hambre, inspire sentimientos de caridad a los que tienen riquezas y multiplique los frutos de la tierra. Oremos:
        Escúchanos, Señor.

Para que cuantos en este tiempo de Cuaresma buscamos sinceramente a Dios, recibamos la plenitud de su perdón. Oremos:
        Escúchanos, Señor.

El arzobispo dice la oración:
Dios todo poderoso y eterno, escucha las oraciones de tu pueblo, perdona sus pecados y purifica su espíritu para que cuantos con amor observamos las penitencias cuaresmales, obtengamos la paz y la misericordia. Por Jesucristo, nuestro Señor.
        Amén.

PADRE NUESTRO

El arzobispo , con las manos juntas, dice:
Fieles a la guia del Salvador, y siguiendo su divina enseñanza, nos atrevemos a decir:
        Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación, y líbranos del mal

RITO DE CONCLUSIÓN
 
BENDICIÓN FINAL
(Oración sobre el pueblo)
 
En este momento se hacen, si es necesario y con brevedad, los oportunos anuncios o advertencias al pueblo.
 
Después tiene lugar la despedida. El sacerdote extiende las manos hacia el pueblo y dice
El Señor esté con ustedes.
        Y con tu espíritu.

El arzobispo pronuncia la oración sobre el pueblo:
Infunde el espíritu de arrepentimiento sobre los que se inclinan ante ti, Dios nuestro, para que merezcan conseguir, por tu misericordia, los premios prometidos a los que hacen penitencia. Por Jesucristo, nuestro Señor.
        Amén.

El arzobispo bendice al pueblo, diciendo:
Y la bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo  y Espíritu Santo, descienda sobre ustedes y permanezca para siempre.
         Amén.
 
Luego el diácono, o el sacerdote, despide al pueblo con una de las fórmulas siguientes:
En el nombre del Señor, pueden ir en paz.
        Demos gracias a Dios.

ANTIFONA MARIANA
(Ave, Regina Caelorum)

Ave, Regina Caelorum, Ave, Domina Angelorum: Salve, radix, salve, porta Ex qua mundo lux est orta: Gaude, Virgo gloriosa, Super omnes specioa, Vale, o valde decora, Et pro nobis Christum exora.

Después todos se retiran a la sacristía.

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