SUBSIDIO LITURGICO PARA LA TOMA DE POSESIÓN CANONICA
DE UN NUEVO PÁRROCO
La procesión de entrada se desarrolla como habitualmente en la misa episcopal con participación del pueblo. Precede el turiferario con el incensario, sigue un acólito con la cruz procesional. Si preside el Obispo de la diócesis (no, en cambio si el Auxiliar u otro Obispo) la cruz va acompañada, a poder ser, por siete acólitos con cirios. Sigue un diácono con el evangeliario, los otros diáconos, los celebrantes, el nuevo párroco y el Obispo con mitra y báculo bendiciendo al pueblo. Asistido por dos diáconos que van un poco más atrás del mismo. Cierran la procesión los tres acólitos que beben ministrar el libro, el báculo y la mitra.
Llegados al presbiterio el Obispo inciensa el altar como habitualmente asistido por los dos diáconos. Mientras tanto el nuevo párroco y los demás celebrantes ocupan sus lugares (el nuevo párroco a la derecha de la sede episcopal). Terminada la incensación del altar el Obispo se dirige a la sede desde donde preside la Eucaristía
RITOS INICIALES
En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.
℟. Amén.
La paz esté con ustedes.
℟. Y con tu espíritu.
El Obispo introduce la celebración con algunas palabras que explican el sentido de la misma.
LECTURA DEL NOMBRAMIENTO DEL PÁRROCO
Seguido de la introducción, el diacono, el canciller o algún otro presbítero lee ante el pueblo el nombramiento del nuevo párroco.
PROFESIÓN DE FE Y PROMESA DE FIDELIDAD A LA IGLESIA
Leído el nombramiento el Obispo sentado en la sede con la mitra puesta, puede dirigir al nuevo párroco las siguientes palabras:
Querido hijo: Hoy se te encomienda la misión de dirigir el pueblo cristiano de esta Parroquia y de enseñarle lo que la Iglesia ha recibido de Jesucristo. Por ello, conviene que ahora, en presencia de este mismo pueblo que te escuchará, profeses públicamente aquella misma fe que les debes enseñar.
ROFESIÓN DE FÉ
(Fórmula para utilizar en los casos en que el derecho prescribe la profesión de fe)
Yo, N., creo con fe firme y profeso todas y cada una de las cosas contenidas en el Símbolo de la fe, a saber:
Creo en un solo Dios, Padre todopoderoso, Creador del cielo y de la tierra, de todo lo visible y lo invisible.
Creo en un solo Señor, Jesucristo, Hijo único de Dios, nacido del Padre antes de todos los siglos: Dios de Dios, Luz de Luz, Dios verdadero de Dios verdadero, engendrado, no creado, de la misma naturaleza del Padre, por quien todo fue hecho; que por nosotros, los hombres, y por nuestra salvación bajó del cielo, y por obra del Espíritu Santo se encarnó de María, la Virgen, y se hizo hombre; y por nuestra causa fue crucificado en tiempos de Poncio Pilato; padeció y fue sepultado, y resucitó al tercer día, según las Escrituras, y subió al cielo, y está sentado a la derecha del Padre; y de nuevo vendrá con gloria para juzgar a vivos y muertos, y su reino no tendrá fin.
Creo en el Espíritu Santo, Señor y dador de vida, que procede del Padre y del Hijo, que con el Padre y el Hijo recibe una misma adoración y gloria, y que habló por los profetas. Creo en la Iglesia, que es una, santa, católica y apostólica. Confieso que hay un solo bautismo para el perdón de los pecados. Espero la resurrección de los muertos y la vida del mundo futuro.
Creo, también, con fe firme, todo aquello que se contiene en la Palabra de Dios escrita o transmitida por la Tradición, y que la Iglesia propone para ser creído, como divinamente revelado, mediante un juicio solemne o mediante el Magisterio ordinario y universal.
Acepto y retengo firmemente, asimismo, todas y cada una de las cosas sobre la doctrina de la fe y las costumbres propuestas por la Iglesia de modo definitivo.
Me adhiero, además, con religioso obsequio de voluntad y entendimiento a las doctrinas enunciadas por el Romano Pontífice o por el Colegio de los Obispos cuando ejercen el Magisterio auténtico, aunque no tengan la intención de proclamarlas con un acto definitivo.
JURAMENTO DE FIDELIDAD
AL ASUMIR UN OFICIO
QUE SE HA DE EJERCER EN NOMBRE DE LA IGLESIA
(Fórmula que deben utilizar los fieles cristianos a los que se refiere el canon 833, 5-8)
Yo, N., al asumir el oficio de Párroco, prometo mantenerme siempre en comunión con la Iglesia católica, tanto en lo que exprese de palabra como en mi manera de obrar.
Cumpliré con gran diligencia y fidelidad las obligaciones a las que estoy comprometido con la Iglesia tanto universal como particular, en la que he sido llamado a ejercer mi servicio, según lo establecido por el derecho.
En el ejercicio del ministerio que me ha sido confiado en nombre de la Iglesia, conservaré íntegro el depósito de la fe y lo transmitiré y explicaré fielmente; evitando, por tanto, cualquier doctrina que le sea contraria.
Seguiré y promoveré la disciplina común a toda la Iglesia, y observaré todas las leyes eclesiásticas, ante todo aquellas contenidas en el Código de Derecho Canónico.
Con obediencia cristiana acataré lo que enseñen los sagrados pastores, como doctores y maestros auténticos de la fe, y lo que establezcan como guías de la Iglesia, y ayudaré fielmente a los obispos diocesanos para que la acción apostólica que he de ejercer en nombre y por mandato de la Iglesia, se realice siempre en comunión con ella.
Que así Dios me ayude y estos santos evangelios que toco con mis manos.
Seguido de esto, omitido el acto penitencial se entona el Himno del Gloria.
La misa sigue como de costumbre hasta el final de la Homilía.
TOMA DE POSESIÓN DE LOS DIVERSOS LUGARES CELEBRATIVOS
Terminada la homilía, el pueblo permanece en sus lugares, mientras se organiza una pequeña procesión. Precede el turiferario, sigue la cruz procesional en medio de dos acólitos con cirios y finalmente el nuevo párroco y el Obispo asistido por dos diáconos.
PUERTA DE LA IGLESIA
En la puerta de la Iglesia el Obispo entrega al nuevo párroco las llaves del edificio mientras le dice:
Recibe las llaves de esta Iglesia como signo de autoridad. Cuida de abrirla oportunamente para que los fieles puedan acudir a celebrar los misterios cristianos y a orar en la presencia del Señor. Procura también que, en la misma forma que cuidas que las puertas de este templo estén abiertas, abras también, con tu palabra y con tu conducta, para Dios el corazón de los fieles.
Mientras el párroco recibe las llaves el coro y el pueblo pueden entonar un canto apropiado.
CAMPANARIO
El Obispo invita al nuevo párroco a tocar las campanas, diciéndole:
Cristo, que murió en la cruz para reunir a los hijos de Dios disperso por el pecado, te encomienda que seas asiduo en convocar a tus fieles para que, al sonido de estas campanas, se apresuren a congregarse en esta iglesia. Haz sonar, pues, las campanas parroquiales para señalar los días de fiesta, los tiempo de oración y los principales acontecimientos que afectarán, con alegría o con lágrimas a esta comunidad o a algunos de sus miembros.
El nuevo párroco hace resonar las campanas 12 veces; mientras el coro y el pueblo entonan un canto apropiado.
EL BAUTISTERIO
Llegados a la fuente bautismal el Obispo dice al nuevo párroco:
Esta es la fuente de la vida que mana del costado de Cristo y limpia los pecados del mundo. Este es el seno materno de la santa Madre Iglesia que engendra hijos para la eternidad. En esta fuente bautismal harás renacer, por el agua y el Espíritu Santo, tanto los niños que te presenten los padres cristianos como los adultos que se conviertan a la fe.
El Obispo pone incienso en el incensario y lo bendice, luego el párroco inciensa la fuente bautismal mientras el coro y el pueblo entonan un canto apropiado.
SEDE PENITENCIAL
Junto al confesionario el Obispo dice al nuevo párroco:
Dios ha amado tanto al mundo que le ha entregado a su Hijo para que nadie perezca sino que todos tengan vida eterna. En este lugar el Señor, a través de tu ministerio, realizará maravillas en los corazones arrepentidos. Cuida, pues de reconciliar con Dios a los fieles que después del bautismo hayan recaído en el pecado y a aquellos que acudan a ti deseando convertirse más plenamente a Dios. Este es el trono de la gracia para alcanzar misericordia.
El Obispo invita al nuevo párroco a que se siente en el confesionario mientras el coro y el pueblo entonan un canto apropiado.
CAPILLA DE LA RESERVA EUCARÍSTICA
Si la Eucaristía se reserva en la nave central de la Iglesia, el siguiente rito se realiza al terminar la distribución de la comunión, de lo contrario sigue como a continuación se indica. Llegados a la capilla de la reserva eucarística el Obispo entrega al nuevo párroco la llave del sagrario diciendo:
Recibe la llave de este sagrario preparado para reservar el Sacramento del cuerpo y la sangre santísimos de Jesucristo: Cuida de llevar la Eucaristía a los moribundos y a los demás enfermos; sé asiduo en adorar el Santísimo Sacramento del Altar y enseña a tus fieles a visitar a nuestro Señor Jesucristo, presente en la santa Eucaristía. Cuida que nunca deje de arder aquí una lámpara para señalar a los fieles la presencia del Señor.
El Obispo pone incienso en el incensario (sin bendecirlo) e invita al nuevo párroco a incensar el Sagrario. Tanto el Obispo, sin solideo, como sus diáconos y el nuevo párroco se arrodillan durante la incensación. Mientras se inciensa, el coro y el pueblo pueden entonar algún canto a la Eucaristía (Vgr. Adoro te devote; Tantum ergo; Bendito, Pange lingua).
Los ministros le ofrecen al Nuevo párroco la casulla sacerdotal para que se revista.
SEDE PRESIDENCIAL
Terminada la procesión por los diversos lugares de la Iglesia el Obispo sentado en la Sede dice al nuevo párroco:
En la persona del Obispo, Jesús, el buen Pastor, está presente en medio de su pueblo. Es él, en efecto, quien por medio de nosotros, sus ministros, continúa anunciando el Evangelio y presidiendo la oración de sus fieles. Tú, también, como cooperador de tu Obispo, ocupando este Sede, serás imagen de Jesucristo, predicarás su Evangelio y presidirás la oración de la Iglesia que se reúne en esta parroquia.
El Obispo entonces se levanta e invita al nuevo párroco a sentarse unos momentos en la Sede presidencial mientras el coro y el pueblo entonan un canto apropiado.
ALTAR
Finalmente, el Obispo invitar al nuevo párroco a besar el altar diciéndole:
Esta es la mesa del Señor. Alrededor de la misma congregarás a los hijos de la Iglesia y, en nombre de Jesucristo, presidirás la Eucaristía para que tus fieles puedan unirse al sacrificio de Cristo y participen así de la Cena del Señor.
Concluido el rito de toma de posesión, tanto el Obispo como el nuevo párroco van a sus sedes respectivas. Los acólitos que portaban la cruz alta, los cirios, el turiferario van a sus respectivos lugares. La celebración prosigue como de costumbre.