CATEQUESIS ESPIRITUAL
MARTES SANTO:
LA TRAICIÓN Y LA FIDELIDAD
Queridos hermanos:
El Evangelio de hoy (Jn. 21-33.36-38) nos da un "adelanto" de lo que viviremos el próximo Jueves y Viernes. Ubiquemos nuestra imaginación en la mesa de la Última Cena, en el ambiente cariñoso de Jesús, pero tenso por los comentarios que Él mismo hace: "En verdad les digo que uno de ustedes me entregara". Los apóstoles están sorprendidos y alterados por esto, pues temen en traicionar a su Maestro. El discípulo amado no duda, pero por señales de Pedro pregunta: "Señor, ¿Quién es?" Y parece que Juan si es el discípulo amado, porque Jesús le revela que es Judas el Iscariote. La figura de Judas es un protagonista para Semana Santa, y como ayer lo mencionábamos, aparenta y no es.
Remarco nuevamente una frase que mencioné hace días ya, debemos tener esa valentía de Jesucristo, tener esa fe en Dios Padre, porque gracias a esa valentía y esa esperanza es que tuvimos a la salvación. Cristo eligió a sus apóstoles sabiendo lo que iba a suceder, y no le tembló la mano al escogerlos, fue firme y directo hacia con ellos. Nosotros también somos escogidos por él, somos nosotros quienes no quieren atender ese llamado.
Durante esta semana escucharemos mucho y debemos intentar comprender aunque sea lo principal. Judas Iscariote no fue una figura histórica, es una figura de la humanidad de en ese entonces y de la actual, porque: ¿Cuántas veces no traicionamos a Cristo en palabras o acciones? ¿Cuántas veces por nuestros deseos propios lo usamos o lo modificamos a deseo propio? Esa es la traición de Judas y la traición que muchos cometemos. Cristo no necesita santos que sean ovejas limpias, blancas y relucientes, porque es imposible que un humano logre esto. Cristo necesitó y necesita y necesitará de personas pecadoras que quieran arrepentirse de corazón y sean piadosos, porque ellos son su instrumento para seguir realizando su obra salvadora. Los apóstoles no eran perfectos, los santos no eran perfectos, eran y son ejemplares pero aún así con errores.
Continuando lo anterior, vamos ahora con Pedro. Judas ya se levantó de la mesa porque el demonio entró en él. Ahora Jesús advierte: "Hijitos, todavía estaré un poco con ustedes. Me buscarán, pero como les dije a los judíos, así se lo digo a ustedes ahora: A donde yo voy, ustedes no pueden ir"
Pedro, curioso o temeroso le dice a Jesús: "Señor. ¿a donde vas?". Jesús evade esta pregunta, pero Pedro vuelve a preguntar y ahora se atreve a decir: "Yo daré mi vida por ti". Y viene lo más fuerte de este Evangelio. Jesús predice: "Yo te aseguro que no cantará el gallo, antes de que me hayas negado tres veces". Y termina ahí este episodio.
Hermanos, veamos que el plan de Dios lo sabe Jesús perfectamente. Veamos como no teme y es valiente a revelarle a Pedro lo que él hará inconscientemente. Y aún así Jesús ama. Pedro al igual que Judas aparenta valentía, pero cuando llegó el momento, huye y lo mismo hacen los demás.
Nosotros tenemos un llamado, y es no repetir lo mismo que hicieron ellos, obviamente las cosas que hicieron mal. La Iglesia necesita Pedros que hayan fallado, sí, pero con esa valentía firme. La Iglesia necesita de apóstoles renovados, y esos apóstoles debemos de ser nosotros.
Concluyamos el tema de hoy preguntándonos: ¿Hemos sido alguna vez como Judas, alejándonos conscientemente de Dios? ¿O como Pedro, que ama pero falla?
Pidamos al Señor que aunque fallemos, nos ayude a no volverlo a hacer y a no alejarnos de Él. Que mantenga viva la llama de esperanza que reencendimos en el Jubileo pasado. Que así sea...