Esta Misa, al celebrar la Pasión salvadora de Cristo, recuerda también la parte que tuvo la Santísima Virgen en la consecución de la salvación de los hombres. María, en efecto, por el hecho de ser Madre de Cristo «por obra del Espíritu Santo» (Prefacio), compartió la Pasión (cf. Prefacio) de su Hijo y fue asociada a ella (cf. Oración colecta 1, Oración colecta 2).
Es costumbre y tradición en que, en algunos lugares, el viernes de la V semana de CUaresma, se haga conmemoración de los Siete Dolores de la Santísima Vírgen María, en previsión al memorial de la Pasión y Muerte de Jesucristo, actualizado en el Triduo Pascual, donde María aparece como figura importante en el Plan de la Salvación, asociada también a la Pasión de su Hijo.
RITOS INICIALES
ANTIFONA DE ENTRADA
(Lc 32, 4-5)
Simeón dijo a María: «Mira, éste está puesto para que muchos en Israel caigan y se levanten; será como una bandera discutida: así quedará clara la actitud de muchos corazones. Y a ti, una espada te traspasará el alma».
Cuando llega al altar, habiendo hecho con los ministros una inclinación profunda, venera el altar con un beso y, si es oportuno, inciensa la cruz y el altar. Después se dirige con los ministros a la sede.
Terminada la procesión de entrada, el celebrante y los fieles, de pie, se santiguan con la señal de la cruz, mientras el sacerdote, vuelto hacia el pueblo, dice:
En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.
℟. Amén.
La gracia y el amor de Jesucristo, que nos llama a la conversión, esté con todos ustedes.
℟. Y con tu espíritu
El celebrante o el diácono, u otro ministro, puede decir una monición muy breve para introducir a los fieles en la Misa del día.
ACTO PENITENCIAL
A continuación se hace el acto penitencial, al que el celebrante invita a los fieles, diciendo:
Hermanos: Para celebrar dignamente estos sagrados misterios, reconozcamos nuestros pecados.
Se hace una breve pausa en silencio. Después, se pronuncia la formula de confesión general:
Yo confieso ante Dios todopoderoso y ante ustedes, hermanos, que he pecado mucho de pensamiento, palabra, obra y omisión;
Y, golpeándose el pecho, dicen:
por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa.
Luego, prosiguen:
Por eso ruego a santa María, siempre Virgen, a los ángeles, a los santos y a ustedes, hermanos, que intercedan por mí ante Dios, nuestro Señor.
Sigue la absolución del sacerdote:
Dios todopoderoso tenga misericordia de nosotros, perdone nuestros pecados y nos lleve a la vida eterna.
℟. Amén.
A continuación, el coro o el mismo sacerdote cantan el Señor Ten Piedad, (Kyrie Eleison).
℣. Señor, ten piedad.
℟. Señor, ten piedad.
℣. Cristo, ten piedad.
℟. Cristo, ten piedad.
℣. Señor, ten piedad.
℟. Señor, ten piedad.
ORACION COLECTA
Terminado el himno, el celebrante, con las manos juntas, dice:
Oremos.
Y todos, junto con el sacerdote, oran en silencio durante un breve espacio de tiempo. Después el sacerdote, con las manos extendidas, dice la oración colecta:
Señor, Dios nuestro, que para redimir al género humano, caído por el engaño del demonio, has asociado los dolores de la Madre a la Pasión de tu Hijo, concede a tu pueblo que, despojándose de la triste herencia del pecado, se revista de la luminosa novedad de Cristo. Que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.
O bien:
Dios nuestro, que quisiste que al pie de la Cruz de tu Hijo estuviera también su Madre, compartiendo la Pasión, guarda en tu familia los frutos de la redención y haz que crezcan cada día más. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.
℟. Amén.
LITURGIA DE LA PALABRA
PRIMERA LECTURA
(Jt 13, 17-20)
Vengaste nuestra ruina, en presencia de nuestro Dios.
Lectura del libro de Judit.
En aquellos días, todos se quedaron asombrados y, postrándose en adoración a Dios, dijeron a una voz:
«Bendito eres, Dios nuestro, que has aniquilado hoy a los enemigos de tu pueblo.»
Y Ozías dijo a Judit:
«Que el Altísimo te bendiga, hija, más que a todas las mujeres de la tierra. Bendito el Señor, creador del cielo y tierra, que enderezó tu golpe contra la cabeza del general enemigo. Los que recuerden esta hazaña de Dios jamás perderán la confianza que tú inspiras. Que el Señor te engrandezca siempre y te dé prosperidad, porque no dudaste en exponer tu vida, ante la humillación de nuestra raza, sino que vengaste nuestra ruina, procediendo con rectitud en presencia de nuestro Dios.»
Todos aclamaron:
« ¡Así sea, así sea!»
Palabra de Dios:
℟. Te alabamos, Señor.
SALMO RESPONSORIAL
(Sal. 39)
℟. El Señor es cariñoso con todas sus criaturas.
Te ensalzaré, Dios mío, mi rey;
bendeciré tu nombre por siempre jamás.
Día tras día, te bendeciré
y alabaré tu nombre por siempre jamás. ℟.
Una generación pondera tus obras a la otra,
y le cuenta tus hazañas.
Alaban ellos la gloria de tu majestad,
y yo repito tus maravillas;
encarecen ellos tus temibles proezas,
y yo narro tus grandes acciones. ℟.
El Señor es clemente y misericordioso,
lento a la cólera y rico en piedad;
el Señor es bueno con todos,
es cariñoso con todas sus criaturas. ℟.
ACLAMACIÓN ANTES DEL EVANGELIO
℟. Alabanza a ti, Cristo, rey de gloria eterna.
Junto a la cruz de Jesús estaba su madre, firme en la fe, confortada por la esperanza, abrasada por el fuego de la caridad.
℟. Alabanza a ti, Cristo, rey de gloria eterna.
Mientras se entona la aclamación, si se usa incienso, el celebrante lo pone en el incensario. Después, el diácono que va a proclamar el Evangelio, profundamente inclinado ante el sacerdote, pide la bendición, diciendo en voz baja:
Padre, dame tu bendición.
El celebrante en voz baja dice:
El Señor esté en tu corazón y en tus labios, para que anuncies dignamente su Evangelio; en el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo.
El diácono se signa con la señal de la cruz y responde:
Amén.
Pero si no está presente el diácono, el sacerdote, inclinado ante el altar, dice en secreto:
Purifica mi corazón y mis labios, Dios todopoderoso, para que pueda anunciar dignamente tu santo Evangelio.
EVANGELIO
(Jn 19, 25-27)
Junto a la cruz de Jesús estaba su madre.
Después el diácono, se dirige al ambón, y acabada la aclamación dice:
El Señor esté con ustedes.
El pueblo responde:
℟. Y con tu espíritu.
El diácono, o el sacerdote:
Lectura del santo Evangelio según san Juan.
Y, mientras tanto, hace la señal de la cruz sobre el libro y sobre su frente, labios y pecho.
El pueblo aclama:
℟. Gloria a ti, Señor.
Luego el diácono, si se usa incienso, inciensa el libro y proclama el Evangelio.
En aquel tiempo, junto a la cruz de Jesús estaban su madre, la hermana de su madre, María la de Cleofás, y María la Magdalena. Jesús, al ver a su madre, y cerca al discípulo que tanto quería,
dijo a su madre:
Mujer, ahí tienes a tu hijo. Luego dijo al discípulo:
Ahí tienes a tu madre.
Y desde aquella hora el discípulo la recibió como algo propio.
Acabado el Evangelio, el diácono aclama:
Palabra del Señor.
Todos responden:
℟. Gloria a ti, Señor Jesús.
HOMILIA
Luego se hace la homilía, que corresponde al celebrante o al diácono.
LITURGIA EUCARISTICA
Terminado lo anterior, comienza el canto para el ofertorio. Mientras tanto, los ministros colocan sobre el altar el corporal, el purificador, el cáliz, la palia y el misal.
Si es oportuno, inciensa las ofrendas, la cruz y el altar. Después el diácono, u otro ministro, inciensa al sacerdote y al pueblo.
Después, el celebrante de pie en el centro del aftar, de cara al pueblo, extendiendo y juntando las manos, dice:
Oren, hermanos, para que, trayendo al altar los gozos y las fatigas de cada día, nos dispongamos a ofrecer el sacrificio agradable a Dios, Padre todopoderoso.
℟. El Señor reciba de tus manos este sacrificio, para alabanza y gloria de su nombre, para nuestro bien y el de toda su santa Iglesia.
ORACION SOBRE LAS OFRENDAS
Luego el celebrante, con las manos extendidas, dice la oración sobre las ofrendas.
Transforma, Señor, estos dones con la acción del Espíritu Santo, para que, por el sacrificio del altar, al que se asocia la Santísima Virgen, se borre el pecado del mundo y se nos abran las puertas del cielo. Por Jesucristo, nuestro Señor.
℟. Amén.
PREFACIO:
La Santísima Virgen, por la bondad divina, fue asociada a la Pasión
℣. El Señor esté con ustedes.
℟. Y con tu espíritu.
℟. Y con tu espíritu.
℣. Levantemos el corazón.
℟. Lo tenemos levantado hacia el Señor.
℣. Demos gracias al Señor, nuestro Dios.
℟. Es justo y necesario.
El celebrante prosigue el prefacio, con las manos extendidas.
En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno, por Cristo, Señor nuestro.
Porque, para reformar al género humano has querido, con sabiduría infinita, que la nueva Eva estuviera junto a la cruz del nuevo Adán, a fin de que ella, que por obra del Espíritu Santo fue su Madre, por un nuevo don de tu bondad, comparta su pasión; y los dolores que no sufrió al haber dado a luz, los padeciera, inmensos, al hacemos renacer para ti.
Por eso, con los ángeles y arcángeles y con todos los coros celestiales, cantamos sin cesar el himno de tu gloria:
Al final del prefacio junta las manos y, en unión con el pueblo, concluye el mismo prefacio, cantando o diciendo con voz clara:
Santo, Santo, Santo es el Señor, Dios del universo. Llenos están el cielo y la tierra de tu gloria. Hosanna en el cielo. Bendito el que viene en nombre del Señor. Hosanna en el cielo.
PLEGARIA EUCARISTICA III
El celebrante, con las manos extendidas, dice:
CP
SANTO eres en verdad, Padre, y con razón te alaban todas tus crea turas, ya que por Jesucristo, tu Hijo, Señor nuestro, con la fuerza del Espíritu Santo, das vida y santificas todo, y congregas a tu pueblo sin cesar, para que ofrezca en tu honor un sacrificio sin mancha desde donde sale el sol hasta el ocaso.
Junta las manos y, manteniéndolas extendidas sobre las ofrendas, dice:
CC
Por eso, Padre, te suplicamos que santifiques por el mismo Espíritu estos dones que hemos separado para ti,
Junta las manos y traza el signo de la cruz sobre el pan y el cáliz conjuntamente, diciendo:
de manera que se conviertan en el Cuerpo ✠ la Sangre de Jesucristo, Hijo tuyo y Señor nuestro, Junta las manos. que nos mandó celebrar estos misterios.
En las fórmulas que siguen, las palabras del Señor han de pronunciarse claramente y con precisión, como lo requiere la naturaleza de las mismas palabras.
Porque él mismo, la noche en que iba a ser entregado,
Toma el pan y, sosteniéndolo un poco elevado sobre el altar, prosigue:
tomó pan, y dando gracias te bendijo, lo partió y lo dio a sus discípulos, dicinedo:
Se inclina un poco.
TOMEN Y COMAN TODOS DE ÉL,
PORQUE ESTE ES MI CUERPO
QUE SERÁ ENTREGADO POR USTEDES.
Muestra el pan consagrado al pueblo, lo deposita luego sobre la patena y lo adora haciendo genuflexión.
Después prosigue:
Del mismo modo, acabada la cena,
Toma el cáliz y, sosteniéndolo un poco elevado sobre el altar, prosigue:
tomó el cáliz, dando gracias te bendijo, y lo pasó a sus discípulos, diciendo:
Se inclina un poco.
TOMEN Y BEBAN TODOS DE ÉL,
PORQUE ESTE ES EL CÁLIZ DE MI SANGRE,
SANGRE DE LA ALIANZA NUEVA Y ETERNA,
QUE SERÁ DERRAMADA
POR USTEDES Y POR MUCHOS
PARA EL PERDÓN DE LOS PECADOS.
HAGAN ESTO EN MEMORIA MÍA.
Muestra el cáliz al pueblo, lo deposita luego sobre el corporal y lo adora haciendo genuflexión.
Luego dice:
Éste es el Misterio de nuestra fe, Cristo nos redimió.
℟. Cada vez que comemos de este pan y bebemos de este cáliz, anunciamos tu muerte, Señor, hasta que vuelvas.
Después el sacerdote, con las manos extendidas, dice:
CC
Así, pues, Padre, al celebrar ahora el memorial de la pasión salvadora de tu Hijo, de su admirable resurrección y ascensión al cielo, mientras esperamos su venida gloriosa, te ofrecemos, en esta acción de gracias, el sacrificio vivo y santo.
Dirige tu mirada sobre la ofrenda de tu Iglesia, y reconoce en ella la Víctima por cuya inmolación quisiste devolvernos tu amistad, para que, fortalecidos con el Cuerpo y la Sangre de tu Hijo y llenos de su Espíritu Santo, formemos en Cristo un solo cuerpo y un solo espíritu.
C1:
Que él nos transforme en ofrenda permanente, para que gocemos de tu heredad junto con tus elegidos: con María, la Virgen Madre de Dios, su esposo san José, los apóstoles y los mártires y todos los santos, por cuya intercesión confiamos obtener siempre tu ayuda.
C2:
Te pedimos, Padre, que esta Víctima de reconciliación traiga la paz y la salvación al mundo entero. Confirma en la fe y en la caridad a tu Iglesia, peregrina en la tierra: a tu servidor, el Papa Benedicto, a nuestro arzobispo Luis Román, al orden episcopal, a los presbíteros y diáconos, y a todo el pueblo redimido por ti.
Atiende los deseos y súplicas de esta familia que has congregado en tu presencia. Reúne en torno a ti, Padre misericordioso, a todos tus hijos dispersos por el mundo.
† A nuestros hermanos difuntos, y a cuantos murieron en tu amistad recíbelos en tu reino, donde esperamos gozar todos juntos de la plenitud eterna de tu gloria,
Junta las manos.
por Cristo, Señor nuestro, por quien concedes al mundo todos los bienes.
Toma la patena con el pan consagrado y el cáliz, los eleva y dice:
CP o CC
Por Cristo, con él y en él, a ti, Dios Padre omnipotente, en la unidad del Espíritu Santo, todo honor y toda gloria por los siglos de los siglos.
℟. Amén.
RITO DE LA COMUNIÓN
Una vez depositados el cáliz y la patena sobre el altar, el celebrante, con las manos juntas, dice:
Antes de participar en el banquete de la Eucaristía, signo de reconciliación y vínculo de unión fraterna, oremos juntos como el Señor nos ha enseñado:
Extiende las manos y, junto con el pueblo, continúa:
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación, y líbranos del mal.
Solo el celebrante, con las manos extendidas, prosigue diciendo:
Líbranos de todos los males, Señor, y concédenos la paz en nuestros días, para que, ayudados por tu misericordia, vivamos siempre libres de pecado y protegidos de toda perturbación, mientras esperamos la gloriosa venida de nuestro Salvador Jesucristo.
℟. Tuyo es el reino, tuyo el poder y la gloria, por siempre, Señor.
Después el celebrante, con las manos extendidas, dice en voz alta:
Señor Jesucristo, que dijiste a tus apóstoles: "La paz les dejo, mi paz les doy", no tengas en cuenta nuestros pecados, sino la fe de tu Iglesia y, conforme a tu palabra, concédele la paz y la unidad.
Junta las manos.
Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos.
℟. Amén.
El celebrante, vuelto hacia el pueblo, extendiendo y juntando las manos, añade:
La paz del Señor esté siempre con ustedes.
℟. Y con tu espíritu.
Luego, si se juzga oportuno, el diácono añade:
En Cristo, que nos ha hecho hermanos con su cruz, dense la paz como signo de reconciliación.
Y todos, según las costumbres del lugar, se intercambian un signo de paz, de comunión y de caridad. El celebrante da la paz al diácono o al ministro, y mientras fracciona el pan, se canta o se dice.
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo,
ten piedad de nosotros.
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo,
ten piedad de nosotros.
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo,
danos la paz.
El sacerdote hace genuflexión, toma el pan consagrado y, sosteniéndolo un poco elevado sobre la patena o sobre el cáliz, de cara al pueblo, dice con voz clara:
Éste es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo. Dichosos los invitados a la cena del Señor.
℟. Señor, no soy digno de que entres en mi casa, pero una palabra tuya bastará para sanarme.
Despues reparte la comunion a quienes esten en condiciones, mientras se entona el canto.
ANTIFONA DE COMUNIÓN
Dichosa tú, Virgen María, que, sin morir, mereciste la corona del martirio junto a la Cruz del Señor.
O bien:
Estén alegres cuando comparten los padecimientos de Cristo, para que, cuando se manifieste su gloria, rebosen de gozo.
ORACION DESPUÉS DE LA COMUNIÓN
Terminado el canto, el celebrante, con las manos juntas, dice:
Oremos.
Y todos, junto con el sacerdote, oran en silencio durante unos momentos, a no ser que este silencio ya se haya hecho antes.
Después el sacerdote, con las manos extendidas, dice la oración después de la comunión.
Míranos, Señor, a tus siervos que hemos recordado los dolores de la Virgen, y a quienes has alimentado con el sacramento pascual, concédeles, llevando la cruz de cada día, participar de la resurrección de Cristo. Que vive y reina por los siglos de los siglos.
℟. Amén
RITO DE CONCLUSIÓN
BENDICION FINAL
(De La Santisima Virgen María)
Después tiene lugar la despedida. El celebrante, vuelto hacia el pueblo, extendiendo las manos, dice:
El Señor esté con ustedes.
El pueblo responde:
℟. Y con tu espíritu.
Que Dios, cuya providencia amorosa quiso redimir benignamente al género humano por medio de su Hijo santísimo nacido de la Virgen María, los colme de sus bendiciones.
℟. Amén.
Que experimenten siempre y en todo lugar la protección de la Virgen María, por quien merecieron ustedes recibir al autor de la vida.
℟. Amén.
Que a todos ustedes, que se han reunido hoy aquí para celebrar con devoción esta fiesta de María, el Señor les conceda los goces espirituales y los premios del cielo.
℟. Amén.
Y la bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo ✠, y Espíritu Santo, descienda sobre ustedes y permanezca para siempre.
℟. Amén.
Luego el diácono, o el mismo celebrante, con las manos juntas, vuelto hacia el pueblo, dice:
Pueden ir en paz.
℟. Demos gracias a Dios.
Despues se retiran a la sacristia.
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