Capitulo III | Del Arzobispo Metropolitano

CAPITULO III
DE EL ARZOBISPO METROPOLITANO

Art. 17.- El Arzobispo Metropolitano, como Pastor propio de la Arquidiócesis, ejerce la misión de enseñar, santificar y gobernar al Pueblo de Dios que le ha sido confiado, en comunión con el Romano Pontífice y el Colegio Episcopal.

Art. 18.- Corresponde al Arzobispo dirigir, coordinar y promover toda la acción pastoral de la Arquidiócesis en todos sus organismos, velando por la unidad, la fidelidad y la disciplina eclesiástica ejercida y conferida a los mismos.

Art. 19.- El Arzobispo ejerce el gobierno de la Arquidiócesis mediante la emisión de normas, decretos y disposiciones pastorales, así como a través de la supervisión de las estructuras eclesiales.

Art. 20.- Compete al Arzobispo anunciar auténticamente la Palabra de Dios, custodiar la integridad de la fe, apoyar a todos sus miembros en los aspectos que le correspondan y en los que pueda dar ayuda y orientar la enseñanza doctrinal en toda la Arquidiócesis.

Art. 21.- El Arzobispo es el principal dispensador de los misterios de Dios en la Arquidiócesis, promoviendo la vida litúrgica y sacramental con dignidad y fidelidad a las normas de la Iglesia.

Art. 22.- El Arzobispo fomentará la comunión eclesial entre los ministros ordenados, la vida consagrada y los fieles laicos, fortaleciendo la unidad en la diversidad de carismas.

Art. 23.- En su calidad de Metropolitano, el Arzobispo ejerce las funciones que le corresponden conforme al derecho, promoviendo la comunión y la disciplina eclesiástica en la provincia.

Art. 24.- Corresponde al Arzobispo velar por el adecuado desarrollo de la vida pastoral, visitando las comunidades y asegurando la correcta aplicación de las disposiciones eclesiales, estando obligado a visitar al menos al 50% de la Comunidad Arquidiocesana en el plazo de 3 meses según las circunstancias y disposiciones que se presten.

Art. 25.- El Arzobispo, como Pastor, está llamado a ser ejemplo de vida evangélica, caridad pastoral y servicio, guiando al Pueblo de Dios con prudencia y dedicación.

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