Libreto Litúrgico | Marcha Por La Paz Y El Amor


LIBRETO LITURGICO
                                                                            
SANTA MISA SOLEMNE
  EN LA SOLEMNIDAD DEL
SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS

CON EL RITO DE
CONSAGRACIÓN DE LA PATRIA AL SAGRADO CORAZÓN

PRESIDE
MONS. LUIS ROMÁN GALVÁN
ARZOBISPO METROPOLITANO
                                                                            
CATEDRAL METROPOLITANA
XIII - VI - MMXXVI

MARCHA POR LA PAZ Y EL AMOR

RITOS INICIALES

Reunido el pueblo, el Obispo revestido de alba, estola, cíngulo. capa pluvial y mitra se dirige al punto de salida, con los diáconos, mientras se entona el canto de inicio. Después se dirige con los ministros a la sede. 

Terminado lo anterior, el celebrante y los fieles, de pie, se santiguan con la señal de la cruz, mientras el obispo dice: 
En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. 
        Amén. 

La paz esté con ustedes.
        Y con tu espíritu

Después el diácono dice la siguiente monición:
Queridos hermanos y hermanas, con espíritu de fe y esperanza nos disponemos a iniciar esta Marcha por la Paz y el Amor, convocados para dar testimonio público de que Cristo es nuestra paz y de que el amor de Dios es capaz de transformar los corazones y renovar nuestra sociedad.

Caminamos unidos como pueblo de Dios, elevando nuestras oraciones por nuestras familias, por quienes sufren a causa de la violencia y por todos los colombianos, para que florezcan la reconciliación, la justicia y el bien común.

Esta marcha es también un preludio a la consagración de Colombia al Sagrado Corazón de Jesús, signo de nuestra confianza en el Señor y de nuestro deseo de poner bajo su protección el presente y el futuro de nuestra nación.

Con alegría, respeto y espíritu fraterno, iniciemos este recorrido, siendo portadores de paz, esperanza y amor en cada paso que demos.

ORACIÓN
 
A continuación el obispo pronuncia la oración:
Oremos.
Señor Dios, que con cariño de Padre cuidas de los hombres, a quienes diste un único origen; concede que todos formen una sola familia y vivan en paz, unidos por el amor fraterno. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive contigo en la unidad del Espíritu Santo, y es Dios, por los siglos de los siglos.
        Amén.

PROCESIÓN
 
Dicha la oración, el Obispo inciensa la imagen del Sagrado Corazón. Mientras tanto puede entonarse un canto.

Luego el diácono, o el mismo celebrante, con las manos juntas dice:
Caminemos en la paz de Cristo.

Y se inicia la procesión. Es recomendable que más que una procesión devocional, funja como un medio de demostración de la fe de manera pública, pudiendo contar en su mayoría con cantos y salvas. 

Al llegar a la catedral, todos los ministros concelebrantes caminan al altar y lo besan en señal de veneración. El obispo inciensa la cruz y el altar y la imagen. Después  se quita la capa pluvial, se pone la casulla, se dirige a la cátedra y, concluido el canto, entona el Gloria. La misa continúa como de costumbre.

GLORIA

GLORIA A DIOS EN EL CIELO, 
Y EN LA TIERRA PAZ A LOS 
HOMBRES QUE AMA EL SEÑOR. 

POR TU INMENSA GLORIA TE ALABAMOS, TE BENDECIMOS, TE ADORAMOS, TE GLORIFICAMOS, TE DAMOS GRACIAS, 

GLORIA A DIOS EN EL CIELO, 
Y EN LA TIERRA PAZ A LOS 
HOMBRES QUE AMA EL SEÑOR. 

SEÑOR DIOS, REY CELESTIAL, DIOS PADRE TODOPODEROSO, SEÑOR, HIJO ÚNICO, JESUCRISTO. SEÑOR DIOS, CORDERO DE DIOS, HIJO DEL PADRE; 

GLORIA A DIOS EN EL CIELO, 
Y EN LA TIERRA PAZ A LOS 
HOMBRES QUE AMA EL SEÑOR. 

TÚ QUE QUITAS EL PECADO DEL MUNDO, TEN PIEDAD DE NOSOTROS; TÚ QUE QUITAS EL PECADO DEL MUNDO, ATIENDE NUESTRA SÚPLICA; TÚ QUE ESTÁS SENTADO A LA DERECHA DEL PADRE, TEN PIEDAD DE NOSOTROS. 

GLORIA A DIOS EN EL CIELO, 
Y EN LA TIERRA PAZ A LOS 
HOMBRES QUE AMA EL SEÑOR 

PORQUE SÓLO TÚ ERES SANTO, SÓLO TÚ SEÑOR, SÓLO TÚ ALTÍSIMO, JESUCRISTO, CON EL ESPÍRITU SANTO EN LA GLORIA DE DIOS PADRE. 

GLORIA A DIOS EN EL CIELO, 
Y EN LA TIERRA PAZ A LOS 
HOMBRES QUE AMA EL SEÑOR.
AMEN. 

ORACION COLECTA

Terminado el himno, el celebrante, con las manos juntas, dice: 
Oremos. 
Señor Dios, que en tu misericordia te dignas enriquecernos con los infinitos tesoros del amor del Corazón de tu Hijo, traspasado por nuestros pecados, concédenos que al presentarte el fervoroso homenaje de nuestra devoción, cumplamos también con el deber de una digna reparación. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.
        Amén.

LITURGIA DE LA PALABRA

PRIMERA LECTURA
(Dt.  7, 6-11)

Lector: Del libro del Deuteronomio.
En aquel tiempo, habló Moisés al pueblo y le dijo: “Eres un pueblo consagrado al Señor, tu Dios; él te ha elegido a ti para que seas pueblo suyo entre todos los pueblos de la tierra. El Señor se ha comprometido contigo y te ha elegido, no por ser tú el más numeroso de todos los pueblos, ya que al contrario, eres el menos numeroso; más bien te ha elegido por el amor que te tiene y para cumplir el juramento hecho a tus padres. Por eso, el Señor, con mano firme, te sacó de la esclavitud y del poder del faraón, rey de Egipto. Reconoce, pues, que el Señor, tu Dios, es el Dios verdadero y fiel. El guarda su alianza y su misericordia hasta mil generaciones para los que lo aman y cumplen sus mandamientos; pero castiga a quienes lo odian, y los hace perecer sin demora. Guarda, pues, los mandamientos, preceptos y leyes que yo te mando hoy poner en práctica”.

Lector: Palabra de Dios:
        Te alabamos, Señor.

SALMO RESPONSORIAL
(Sal. 22)

R: El Señor es compasivo y misericordioso. 

Bendice al Señor, alma mía, 
que todo mi ser bendiga su santo nombre. 
Bendice al Señor, alma mía, 
y no te olvides de sus beneficios. 

El Señor perdona tus pecados 
y cura tus enfermedades; 
él rescata tu vida del sepulcro 
y te colma de amor y de ternura. 

El Señor hace justicia y le da la razón al oprimido. 
A Moisés le mostró su bondad y sus prodigios al pueblo de Israel. 

El Señor es compasivo y misericordioso, 
lento para enojarse y generoso para perdonar. 
No nos trata como merecen nuestras culpas, 
ni nos paga según nuestros pecados. 

SEGUNDA LECTURA
(1Jn. 4, 7-16)

Lector: De la primera carta del apóstol san Juan.
Queridos hijos:
 Amémonos los unos a los otros, porque el amor viene de Dios y todo el que ama ha nacido de Dios y conoce a Dios. El que no ama, no conoce a Dios, porque Dios es amor. El amor que Dios nos tiene, se ha manifestado en que envió al mundo a su Hijo unigénito para que vivamos por él.

El amor consiste en esto: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó primero y nos envió a su Hijo, como víctima de expiación por nuestros pecados. Si Dios nos ha amado tanto, también nosotros debemos amarnos los unos a los otros. A Dios nadie lo ha visto nunca; pero si nos amamos los unos a los otros, Dios permanece en nosotros y su amor en nosotros es perfecto. En esto conocemos que permanecemos en él, y él en nosotros: en que nos ha dado su Espíritu. Nosotros hemos visto y de ello damos testimonio, que el Padre envió a su Hijo como salvador del mundo. Quien confiesa que Jesús es el Hijo de Dios, permanece en Dios y Dios en él. Nosotros hemos conocido el amor que Dios nos tiene y hemos creído en ese amor. Dios es amor y quien permanece en el amor, permanece en Dios y Dios en él. 

Lector: Palabra de Dios:
        Te alabamos, Señor.

ACLAMACIÓN ANTES DEL EVANGELIO

R. ALELUYA, ALELUYA, ALELUYA.

YO SOY EL BUEN PASTOR, DICE EL SEÑOR, YO CONOZCO A MIS OVEJAS Y ELLAS ME CONOCEN A MÍ.

R. ALELUYA, ALELUYA, ALELUYA.

EVANGELIO
(Mt. 11, 25-30)

Mientras se entona la aclamación, si se usa incienso, el celebrante lo pone en el incensario. Después, el diácono que va a proclamar el Evangelio, profundamente inclinado ante el sacerdote, pide la bendición, diciendo en voz baja: 
Padre, dame tu bendición. 
El celebrante en voz baja dice: 
El Señor esté en tu corazón y en tus labios, para que anuncies dignamente su Evangelio; en el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo. 

El diácono se signa con la señal de la cruz y responde: 
Amén.

Después el diácono, se dirige al ambón, y acabada la aclamación dice: 
V: El Señor esté con ustedes. 
El pueblo responde: 
        Y con tu espíritu. 

El diácono, o el sacerdote: 
V: Lectura del santo Evangelio según san Mateo. 
Y, mientras tanto, hace la señal de la cruz sobre el libro y sobre su frente, labios y pecho. 
El pueblo aclama: 
        Gloria a tí, Señor. 

Luego el diácono, si se usa incienso, inciensa el libro y proclama el Evangelio. 
V: En aquel tiempo, Jesús exclamó: “¡Te doy gracias, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos, y las has revelado a la gente sencilla! Gracias, Padre, porque así te ha parecido bien. El Padre ha puesto todas las cosas en mis manos. Nadie conoce al Hijo sino el Padre, y nadie conoce al Padre sino el Hijo y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar. Vengan a mí, todos los que están fatigados y agobiados por la carga, y yo les daré alivio. Tomen mi yugo sobre ustedes y aprendan de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontrarán descanso, porque mi yugo es suave y mi carga ligera”. 

Acabado el Evangelio, el diácono aclama: 
V: Palabra del Señor. 
Todos responden: 
        Gloria a tí, Señor Jesús.

HOMILIA

Luego se hace la homilía, que corresponde al celebrante o al diácono.

LITURGIA EUCARISTICA

Terminado lo anterior, comienza el canto para el ofertorio. Mientras tanto, los ministros colocan sobre el altar el corporal, el purificador, el cáliz, la palia y el misal. 

Si es oportuno, inciensa las ofrendas, la cruz y el altar. Después el diácono, u otro ministro, inciensa al sacerdote y al pueblo. 

Después, el celebrante de pie en el centro del aftar, de cara al pueblo, extendiendo y juntando las manos, dice: 
Oren, hermanos, para que, trayendo al altar los gozos y las fatigas de cada día, nos dispongamos a ofrecer el sacrificio agradable a Dios, Padre todopoderoso.
        El Señor reciba de tus manos este sacrificio, para alabanza y gloria de su nombre, para nuestro bien y el de toda su santa Iglesia. 

ORACION SOBRE LAS OFRENDAS

Luego el celebrante, con las manos extendidas, dice la oración sobre las ofrendas. 
Mira, Señor, el inefable amor del Corazón de tu Hijo amado, para que este don que te ofrecemos sea agradable a tus ojos y sirva como expiación de nuestros pecados. Por Jesucristo, nuestro Señor.
        Amen.

PREFACIO
El inmenso amor de Cristo
El Señor esté con ustedes.
        Y con tu espíritu.

Levantemos el corazón.
        Lo tenemos levantado hacia el Señor.

Demos gracias al Señor, nuestro Dios.
        Es justo y necesario.

El celebrante prosigue el prefacio, con las manos extendidas.
En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno, por Cristo, Señor nuestro.

El cual, con inmenso amor, se entregó por nosotros en la cruz e hizo salir sangre y agua de su costado herido, de donde habrían de brotar los sacramentos de la Iglesia, para que todos los hombres, atraídos hacia el corazón abierto del Salvador, pudieran beber siempre, con gozo, de la fuente de la salvación.

Por eso, con todos los ángeles y los santos te alabamos, diciendo sin cesar.

SANTO

SANTO, SANTO, SANTO, ES EL SEÑOR DIOS DEL UNIVERSO, LLENOS ESTÁN LOS CIELOS, Y LA TIERRA DE SU GLORIA

HOSANNA EN EL CIELO,

BENDITO ES EL QUE VIENE, EN EL NOMBRE DEL SEÑOR

PLEGARIA EUCARISTICA III

El celebrante, con las manos extendidas, dice:
CP
Santo eres en verdad, Padre, y con razón te alaban todas tus crea turas, ya que por Jesucristo, tu Hijo, Señor nuestro, con la fuerza del Espíritu Santo, das vida y santificas todo, y congregas a tu pueblo sin cesar, para que ofrezca en tu honor un sacrificio sin mancha desde donde sale el sol hasta el ocaso.

Junta las manos y, manteniéndolas extendidas sobre las ofrendas, dice:
CC 
Por eso, Padre, te suplicamos que santifiques por el mismo Espíritu estos dones que hemos separado para ti,  

Junta las manos y traza el signo de la cruz sobre el pan y el cáliz conjuntamente, diciendo:
de manera que se conviertan en el Cuerpo la Sangre de Jesucristo, Hijo tuyo y Señor nuestro, que nos mandó celebrar estos misterios. 

En las fórmulas que siguen, las palabras del Señor han de pronunciarse claramente y con precisión, como lo requiere la naturaleza de las mismas palabras.
Porque él mismo, la noche en que iba a ser entregado,
Toma el pan y, sosteniéndolo un poco elevado sobre el altar, prosigue: 
tomó pan, y dando gracias te bendijo, lo partió y lo dio a sus discípulos. 
TOMEN Y COMAN TODOS DE EL, PORQUE ESTE ES MI CUERPO QUE SERÁ ENTREGADO POR USTEDES.

Muestra el pan consagrado al pueblo, lo deposita luego sobre la patena y lo adora haciendo genuflexión.

Después prosigue: 
Del mismo modo, acabada la cena, 

Toma el cáliz y, sosteniéndolo un poco elevado sobre el altar, prosigue: 
tomó el cáliz, dando gracias te bendijo, y lo pasó a sus discípulos, diciendo:
TOMEN Y BEBAN TODOS DE EL, PORQUE ESTE ES EL CALIZ DE MI SANGRE, SANGRE DE LA ALIANZA NUEVA Y ETERNA, QUE SERA ENTREGADA POR USTEDES Y POR MUCHOS PARA EL PERDÓN DE LOS PECADOS. HAGAN ESTO EN MEMORIA MIA.

Muestra el cáliz al pueblo, lo deposita luego sobre el corporal y lo adora haciendo genuflexión.

Luego dice:
Éste es el Misterio de nuestra fe.
        Anunciamos tu muerte, proclamamos tu resurrección. ¡Ven, Señor Jesús!

Después el sacerdote, con las manos extendidas, dice:
CC 
Así, pues, Padre, al celebrar ahora el memorial de la pasión salvadora de tu Hijo, de su admirable resurrección y ascensión al cielo, mientras esperamos su venida gloriosa, te ofrecemos, en esta acción de gracias, el sacrificio vivo y santo. 

Dirige tu mirada sobre la ofrenda de tu Iglesia, y reconoce en ella la Víctima por cuya inmolación quisiste devolvernos tu amistad, para que, fortalecidos con el Cuerpo y la Sangre de tu Hijo y llenos de su Espíritu Santo, formemos en Cristo un solo cuerpo y un solo espíritu. 

C1: 
Que él nos transforme en ofrenda permanente, para que gocemos de tu heredad junto con tus elegidos: con María, la Virgen Madre de Dios, su esposo san José, los apóstoles y los mártires y todos los santos, por cuya intercesión confiamos obtener siempre tu ayuda.

C2: 
Te pedimos, Padre, que esta Víctima de reconciliación traiga la paz y la salvación al mundo entero. Confirma en la fe y en la caridad a tu Iglesia, peregrina en la tierra: a tu servidor, el Papa Benedicto, a nuestro arzobispo Luis Román, a nuestro obispo auxiliar Sahid, al orden episcopal, a los presbíteros y diáconos, y a todo el pueblo redimido por ti.

Atiende los deseos y súplicas de esta familia que has congregado en tu presencia. Reúne en torno a ti, Padre misericordioso, a todos tus hijos dispersos por el mundo.

A nuestros hermanos difuntos, el Papa Francisco, el Papa Benedicto, y a cuantos murieron en tu amistad recíbelos en tu reino, donde esperamos gozar todos juntos de la plenitud eterna de tu gloria,  

Junta las manos. 
por Cristo, Señor nuestro, por quien concedes al mundo todos los bienes.

Toma la patena con el pan consagrado y el cáliz, los eleva y dice:
CP o CC
Por Cristo, con él y en él, a ti, Dios Padre omnipotente, en la unidad del Espíritu Santo, todo honor y toda gloria por los siglos de los siglos. 
        Amén.  

RITO DE LA COMUNIÓN

Una vez depositados el cáliz y la patena sobre el altar, el celebrante, con las manos juntas, dice:
Fieles a la recomendación del Salvador y siguiendo su divina enseñanza, nos atrevemos a decir:

Extiende las manos y, junto con el pueblo, continúa:
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación, y líbranos del mal.

Solo el celebrante, con las manos extendidas, prosigue diciendo:  
Líbranos de todos los males, Señor, y concédenos la paz en nuestros días, para que, ayudados por tu misericordia, vivamos siempre libres de pecado y protegidos de toda perturbación, mientras esperamos la gloriosa venida de nuestro Salvador Jesucristo.
        Tuyo es el reino, tuyo el poder y la gloria, por siempre, Señor.

Después el celebrante, con las manos extendidas, dice en voz alta:
Señor Jesucristo, que dijiste a tus apóstoles: "La paz les dejo, mi paz les doy", no tengas en cuenta nuestros pecados, sino la fe de tu Iglesia y, conforme a tu palabra, concédele la paz y la unidad. 

Junta las manos. 
Tú que vives y permaneces por los siglos de los siglos
        Amén. 

El celebrante, vuelto hacia el pueblo, extendiendo y juntando las manos, añade: 
La paz del Señor esté siempre con ustedes. 
        Y con tu espíritu. 

Luego, si se juzga oportuno, el diácono añade: 
Dense fraternalmente la paz.

Y todos, según las costumbres del lugar, se intercambian un signo de paz, de comunión y de caridad. El celebrante da la paz al diácono o al ministro, y mientras fracciona el pan, se canta:

CORDERO DE DIOS

CORDERO DE DIOS QUE QUITAS EL PECADO DEL MUNDO
TEN PIEDAD DE NOSOTROS, TEN PIEDAD DE NOSOTROS

CORDERO DE DIOS QUE QUITAS EL PECADO DEL MUNDO
TEN PIEDAD DE NOSOTROS, TEN PIEDAD DE NOSOTROS

CORDERO DE DIOS QUE QUITAS EL PECADO DEL MUNDO
DANOS LA PAZ, 

El sacerdote hace genuflexión, toma el pan consagrado y, sosteniéndolo un poco elevado sobre la patena o sobre el cáliz, de cara al pueblo, dice con voz clara:
Éste es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo. Dichosos los invitados a la cena del Señor.  
      Señor, no soy digno de que entres en mi casa, pero una palabra tuya bastará para sanarme.  

Despues reparte la comunion a quienes esten en condiciones, mientras se entona el canto.

ORACION DESPUES DE LA COMUNION

Terminado el canto, el celebrante, con las manos juntas, dice: 
Oremos. 
Señor y Padre nuestro, que este sacramento de amor nos haga arder en santo afecto, de modo que, atraídos siempre hacia tu Hijo, sepamos reconocerlo en nuestros hermanos. Él, que vive y reina por los siglos de los siglos.
            Amen

CONSAGRACIÓN DE COLOMBIA AL SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS
(Adaptación de la oración de San Juan Pablo II)

Todos los concelebrantes junto con el Arzobispo se acercan frente a la imagen del Sagrado Corazón. El Arzobispo se arrodilla y ora durante un momento. Después dice:
Señor Jesucristo, Salvador del género humano, nos dirigimos a tu Sacratísimo Corazón con humildad y confianza, con reverencia y esperanza, con profundo deseo de darte gloria, honor y alabanza.

Señor Jesucristo, Salvador del mundo, te damos las gracias por todo lo que Tú eres y por todo lo que Tú haces por tu Iglesia y por la porción del Pueblo de Dios que peregrina en Colombia.

Te damos gracias también por esta comunidad católica que, aun aquí por medios digitales y en el entorno de Minecraft, busca glorificar tu Nombre, crecer en la fe y vivir en comunión con la Iglesia pidiendo por los suyos.

Señor Jesucristo, Hijo de Dios vivo, te alabamos por el amor que has revelado a través de tu Sagrado Corazón, que fue traspasado por nosotros y ha llegado a ser fuente de nuestra alegría y manantial de vida eterna.

Unidos en tu Nombre, que está por encima de cualquier otro nombre, nos consagramos nosotros, consagramos a Colombia y consagramos también esta comunidad y todas las personas que la integran a tu Sacratísimo Corazón, en el cual habita la plenitud de la verdad y la caridad.

Al consagrarnos a Ti, renovamos nuestro ferviente deseo de corresponder con amor a la efusión de tu misericordioso y pleno amor, para que nuestras vidas, nuestras familias, nuestra patria y esta comunidad sean siempre reflejo de tu Evangelio.

Señor Jesucristo, Amor de los amores y Príncipe de la paz, sé la Paz en nuestros corazones, en nuestros hogares, en Colombia y en esta comunidad que hoy se pone bajo tu amparo.

Vence los poderes del maligno, fortalece nuestra unidad, acrecienta nuestra caridad fraterna y llévanos a participar en la victoria de tu Sagrado Corazón, para que todo cuanto hagamos sea para mayor gloria de Dios y salvación de las almas.

Que todos proclamemos y demos gloria a Ti, al Padre y al Espíritu Santo, único Dios por los siglos de los siglos.
        Amén

Después dice la jaculatoria:
Jesús, manso y humilde de corazón.
        Haz nuestro corazón semejante al tuyo. 
 
Sagrado Corazón de Jesús
        ¡En ti confiamos, Señor Jesús!

RITOS FINALES

BENDICION SOLEMNE
(Del Tiempo Ordinario VII)

Siguen los breves avisos para el pueblo. 

Después tiene lugar la despedida. El celebrante, vuelto hacia el pueblo, extendiendo las manos, dice:
El Señor esté con ustedes. 
        Y con tu espíritu. 

Que Jesucristo, nuestro Señor, y Dios, nuestro Padre, que nos ha amado y nos ha dado gratuitamente un consuelo eterno y una feliz esperanza, conforten sus corazones y los dispongan a toda clase de obras buenas y de buenas palabras.
        Amén.

Y la bendición de Dios todopoderoso, Padre , Hijo ,  y Espíritu Santo , descienda sobre ustedes y permanezca para siempre.
        Amén.  

Luego el diácono, o el mismo celebrante, con las manos juntas, vuelto hacia el pueblo, dice:
Pueden ir en paz.
        Demos gracias a Dios.

Después se retiran a la sacristia.

                                                                                          
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