Libreto Liturgico l Domingo De Resurección


LIBRETO LITURGICO
                                                                            
SANTA MISA SOLEMNE
  EN EL
DOMINGO DE PASCUA
DE LA
RESURECCIÓN DEL SEÑOR

PRESIDE
MONS. LUIS ROMÁN GALVÁN
ARZOBISPO METROPOLITANO
                                                                            

RITOS INICIALES

Reunido el pueblo, el celebrante se dirige al altar, con los ministros, mientras se entona el canto de entrada. 

Cuando llega al altar, habiendo hecho con los ministros una inclinación profunda, venera el altar con un beso y, si es oportuno, inciensa la cruz y el altar. Después se dirige con los ministros a la sede. 

Terminada la procesión de entrada, el celebrante y los fieles, de pie, se santiguan con la señal de la cruz, mientras el sacerdote, vuelto hacia el pueblo, dice: 
En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. 
        Amén. 

El Dios de la Vida, que ha devuelto la vida a Jesucristo quitando las ataduras de la muerte, esté con todos ustedes.
        Y con tu espíritu

RITO DE ASPERCIÓN DEL AGUA

Después del saludo, el sacerdote, de pie junto a la sede, de cara al pueblo, con el recipiente con el agua que se va a bendecir delante de él, invita al pueblo a orar, con estas o similares palabras:
Hermanos y hermanas, la alegría del anuncio de la victoria de Cristo sobre la muerte, que nos ha dado una esperanza viva, ilumina y sostiene nuestras vidas. Animados por la fe en Cristo que vive, hagamos memoria de nuestro Bautismo, para cuidar su vestidura blanca hasta el fin de nuestra vida en este mundo.

Se hace una breve pausa en silencio. Después, bendice el agua con la siguiente formula: 
Señor, Dios todopoderoso, atiende con bondad las súplicas de tu pueblo. Mientras celebramos la grandeza de nuestra creación y la grandeza aún mayor de nuestra salvación, dígnate bendecir esta agua. Fuiste tú quien la hizo para fecundar el mundo, limpiar nuestros cuerpos y devolvernos las fuerzas. La hiciste también signo de tu misericordia: por ella sacaste a tu pueblo del cautiverio y calmabas su sed en el desierto; por ella los profetas anunciaban tu alianza que quisiste sellar con la humanidad; por ella finalmente, consagrada por Cristo en el Jordán, nos diste nueva vida, mediante el baño del nuevo nacimiento, a nuestra humanidad herida por el pecado. Que esta agua sea para nosotros memoria de nuestro Bautismo y nos conceda compartir la alegría de aquellos que fueron bautizados en Pascua. Por Cristo nuestro Señor.
        Amén.  

Tras un momento de silencio, continúa con las manos juntas. Luego, tomando el rociador, el sacerdote se rocía a sí mismo, a los ministros, luego al clero y al pueblo, recorriendo la iglesia si es necesario. Mientras tanto, se canta un canto apropiado.

Regresando a la sede y terminado el canto, el sacerdote, de pie, frente al pueblo, dice con las manos juntas: 
Que Dios Todopoderoso nos purifique de nuestros pecados y, mediante la celebración de esta Eucaristía, nos haga dignos de participar de la mesa de su reino.
        Amén.

HIMNO DEL GLORIA
A continuación, todos cantan el himno del Gloria, mientras se replican las campanas.

ORACION COLECTA
Terminado el himno, el celebrante, con las manos juntas, dice: 
Oremos. 
Señor Dios, que por medio de tu Unigénito, vencedor de la muerte, nos has abierto hoy las puertas de la vida eterna, concede a quienes celebramos la solemnidad de la victoria del Señor sobre la muerte, vivir también en la luz de la vida eterna, por la acción que hace nuevas todas las cosas de tu Espíritu. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y está contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.
        Amén.

LITURGIA DE LA PALABRA

PRIMERA LECTURA
(Hch 10, 34a. 37-43)

Hemos comido y bebido con Cristo resucitado.

Lector: Del libro de los Hechos de los Apóstoles.
En aquellos días, Pedro tomó la palabra y dijo: “Ya saben ustedes lo sucedido en toda Judea, que tuvo principio en Galilea, después del bautismo predicado por Juan: cómo Dios ungió con el poder del Espíritu Santo a Jesús de Nazaret y cómo éste pasó haciendo el bien, sanando a todos los oprimidos por el diablo, porque Dios estaba con él. Nosotros somos testigos de cuanto él hizo en Judea y en Jerusalén. Lo mataron colgándolo de la cruz, pero Dios lo resucitó al tercer día y concedió verlo, no a todo el pueblo, sino únicamente a los testigos que él, de antemano, había escogido: a nosotros, que hemos comido y bebido con él después de que resucitó de entre los muertos. Él nos mandó predicar al pueblo y dar testimonio de que Dios lo ha constituido juez de vivos y muertos. El testimonio de los profetas es unánime: que cuantos creen en él reciben, por su medio, el perdón de los pecados”.

Lector: Palabra de Dios:
        Te alabamos, Señor.

SALMO RESPONSORIAL
(Sal. 117)

R: ¡Este es el día del triunfo del Señor. Aleluya.

SEGUNDA LECTURA
(Col 3, 1-4)

Busquen los bienes del cielo, donde está Cristo

Lector: De la carta del apóstol san Pablo a los Colosenses.
Hermanos: 
Puesto que ustedes han resucitado con Cristo, busquen los bienes de arriba, donde está Cristo, sentado a la derecha de Dios. Pongan todo el corazón en los bienes del cielo, no en los de la tierra, porque han muerto y su vida está escondida con Cristo en Dios. Cuando se manifieste Cristo, vida de ustedes, entonces también ustedes se manifestarán gloriosos, juntamente con él.

Lector: Palabra de Dios:
        Te alabamos, Señor.

SECUENCIA
(Victimae Paschale Laudes - Misal Romano)

OFREZCAN LOS CRISTIANOS 
OFRENDAS DE ALABANZA 
A GLORIA DE LA VÍCTIMA 
PROPICIA DE LA PASCUA.

CORDERO SIN PECADO,
QUE A LAS OVEJAS SALVA,
A DIOS Y A LOS CULPABLES 
UNIÓ CON NUEVA ALIANZA.

LUCHARON VIDA Y MUERTE 
EN SINGULAR BATALLA,
Y, MUERTO EL QUE ES LA VIDA,
TRIUNFANTE SE LEVANTA.

“¿QUÉ HAS VISTO DE CAMINO,
MARÍA, EN LA MAÑANA?”
“A MI SEÑOR GLORIOSO,
LA TUMBA ABANDONADA,

LOS ÁNGELES TESTIGOS,
SUDARIOS Y MORTAJA.
¡RESUCITÓ DE VERAS 
MI AMOR Y MI ESPERANZA!

VENIDA A GALILEA,
ALLÍ EL SEÑOR AGUARDA;
ALLÍ VERÉIS LOS SUYOS 
LA GLORIA DE LA PASCUA ”.

PRIMICIA DE LOS MUERTOS,
SABEMOS POR TU GRACIA 
QUE ESTÁS RESUCITADO;
LA MUERTE EN TI NO MANDA.

REY VENCEDOR, APIÁDATE 
DE LA MISERIA HUMANA 
Y DA A TUS FIELES PARTE 
EN TU VICTORIA SANTA.

ACLAMACIÓN ANTES DEL EVANGELIO
(Is 42, 1)
R. ALELUYA, ALELUYA, ALELUYA.

CRISTO, NUESTRO CORDERO PASCUAL, HA SIDO INMOLADO; CELEBREMOS, PUES, LA PASCUA.

R. ALELUYA, ALELUYA, ALELUYA.

EVANGELIO
(Jn 20, 1-9)

Hagan esto en memoria mía.

Mientras se entona la aclamación, si se usa incienso, el celebrante lo pone en el incensario. Después, el diácono que va a proclamar el Evangelio, profundamente inclinado ante el sacerdote, pide la bendición, diciendo en voz baja: 
Padre, dame tu bendición. 
El celebrante en voz baja dice: 
El Señor esté en tu corazón y en tus labios, para que anuncies dignamente su Evangelio; en el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo. 

El diácono se signa con la señal de la cruz y responde: 
Amén.

Después el diácono, se dirige al ambón, y acabada la aclamación dice: 
V: El Señor esté con ustedes. 
El pueblo responde: 
        Y con tu espíritu. 

El diácono, o el sacerdote: 
V: Lectura del santo Evangelio según san Juan. 
Y, mientras tanto, hace la señal de la cruz sobre el libro y sobre su frente, labios y pecho. 
El pueblo aclama: 
        Gloria a tí, Señor. 

Luego el diácono, si se usa incienso, inciensa el libro y proclama el Evangelio. 
V: El primer día después del sábado, estando todavía oscuro, fue María Magdalena al sepulcro y vio removida la piedra que lo cerraba. Echó a correr, llegó a la casa donde estaban Simón Pedro y el otro discípulo, a quien Jesús amaba, y les dijo: “Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo habrán puesto”.

Salieron Pedro y el otro discípulo camino del sepulcro. Los dos iban corriendo juntos, pero el otro discípulo corrió más aprisa que Pedro y llegó primero al sepulcro, e inclinándose, miró los lienzos puestos en el suelo, pero no entró.

En eso llegó también Simón Pedro, que lo venía siguiendo, y entró en el sepulcro. Contempló los lienzos puestos en el suelo y el sudario, que había estado sobre la cabeza de Jesús, puesto no con los lienzos en el suelo, sino doblado en sitio aparte. Entonces entró también el otro discípulo, el que había llegado primero al sepulcro, y vio y creyó, porque hasta entonces no habían entendido las Escrituras, según las cuales Jesús debía resucitar de entre los muertos.

Acabado el Evangelio, el diácono aclama: 
V: Palabra del Señor. 
Todos responden: 
        Gloria a tí, Señor Jesús.

HOMILIA
Luego se hace la homilía, que corresponde al celebrante o al diácono.

CREDO
(Símbolo Niceno-constantinopolitano)
 
Acabada la homilía, se canta la profesión de fe.

LITURGIA EUCARISTICA

Terminado lo anterior, comienza el canto para el ofertorio. Mientras tanto, los ministros colocan sobre el altar el corporal, el purificador, el cáliz, la palia y el misal. 

Si es oportuno, inciensa las ofrendas, la cruz y el altar. Después el diácono, u otro ministro, inciensa al sacerdote y al pueblo. 

Después, el celebrante de pie en el centro del aftar, de cara al pueblo, extendiendo y juntando las manos, dice: 
Oren, hermanos, para que, trayendo al altar los gozos y las fatigas de cada día, nos dispongamos a ofrecer el sacrificio agradable a Dios, Padre todopoderoso.
        El Señor reciba de tus manos este sacrificio, para alabanza y gloria de su nombre, para nuestro bien y el de toda su santa Iglesia. 

ORACION SOBRE LAS OFRENDAS
Luego el celebrante, con las manos extendidas, dice la oración sobre las ofrendas. 
Llenos de júbilo por el gozo pascual te ofrecemos, Señor, este sacrificio, mediante el cual admirablemente renace y se nutre tu Iglesia. Por Jesucristo, nuestro Señor.
        Amen.

PREFACIO I DE PASCUA
El misterio pascual

El Señor esté con ustedes.
        Y con tu espíritu.

Levantemos el corazón.
        Lo tenemos levantado hacia el Señor.

Demos gracias al Señor, nuestro Dios.
        Es justo y necesario.

El celebrante prosigue el prefacio, con las manos extendidas.
En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación glorificarte siempre, Señor; pero más que nunca en este día en que Cristo, nuestra Pascua, ha sido inmolado.

Porque Él es el auténtico Cordero que quitó el pecado del mundo: muriendo destruyó nuestra muerte, y volviendo a la vida nos dio vida nueva.

Por eso, con esta efusión del gozo pascual, todo el mundo está llamado a la alegría junto con los ángeles y los arcángeles que entonan un himno a tu gloria, diciendo sin cesar:

SANTO
SANTO, SANTO, SANTO, ES EL SEÑOR DIOS DEL UNIVERSO, LLENOS ESTÁN LOS CIELOS, Y LA TIERRA DE SU GLORIA

HOSANNA EN EL CIELO,

BENDITO ES EL QUE VIENE, EN EL NOMBRE DEL SEÑOR

PLEGARIA EUCARISTICA III
El celebrante, con las manos extendidas, dice:
CP
Santo eres en verdad, Padre, y con razón te alaban todas tus crea turas, ya que por Jesucristo, tu Hijo, Señor nuestro, con la fuerza del Espíritu Santo, das vida y santificas todo, y congregas a tu pueblo sin cesar, para que ofrezca en tu honor un sacrificio sin mancha desde donde sale el sol hasta el ocaso.

Junta las manos y, manteniéndolas extendidas sobre las ofrendas, dice:
CC 
Por eso, Padre, te suplicamos que santifiques por el mismo Espíritu estos dones que hemos separado para ti,  

Junta las manos y traza el signo de la cruz sobre el pan y el cáliz conjuntamente, diciendo:
de manera que se conviertan en el Cuerpo  la Sangre de Jesucristo, Hijo tuyo y Señor nuestro, Junta las manos. que nos mandó celebrar estos misterios. 

En las fórmulas que siguen, las palabras del Señor han de pronunciarse claramente y con precisión, como lo requiere la naturaleza de las mismas palabras.
Porque él mismo, la noche en que iba a ser entregado,
Toma el pan y, sosteniéndolo un poco elevado sobre el altar, prosigue: 
tomó pan, y dando gracias te bendijo, lo partió y lo dio a sus discípulos. 
TOMEN Y COMAN TODOS DE EL, PORQUE ESTE ES MI CUERPO QUE SERÁ ENTREGADO POR USTEDES.

Muestra el pan consagrado al pueblo, lo deposita luego sobre la patena y lo adora haciendo genuflexión.

Después prosigue: 
Del mismo modo, acabada la cena, 

Toma el cáliz y, sosteniéndolo un poco elevado sobre el altar, prosigue: 
tomó el cáliz, dando gracias te bendijo, y lo pasó a sus discípulos, diciendo:
TOMEN Y BEBAN TODOS DE EL, PORQUE ESTE ES EL CALIZ DE MI SANGRE, SANGRE DE LA ALIANZA NUEVA Y ETERNA, QUE SERA ENTREGADA POR USTEDES Y POR MUCHOS PARA EL PERDÓN DE LOS PECADOS. HAGAN ESTO EN MEMORIA MIA.

Muestra el cáliz al pueblo, lo deposita luego sobre el corporal y lo adora haciendo genuflexión.

Luego dice:
Éste es el Misterio de nuestra fe.
        Anunciamos tu muerte, proclamamos tu resurrección. ¡Ven, Señor Jesús!

Después el sacerdote, con las manos extendidas, dice:
CC 
Así, pues, Padre, al celebrar ahora el memorial de la pasión salvadora de tu Hijo, de su admirable resurrección y ascensión al cielo, mientras esperamos su venida gloriosa, te ofrecemos, en esta acción de gracias, el sacrificio vivo y santo. 

Dirige tu mirada sobre la ofrenda de tu Iglesia, y reconoce en ella la Víctima por cuya inmolación quisiste devolvernos tu amistad, para que, fortalecidos con el Cuerpo y la Sangre de tu Hijo y llenos de su Espíritu Santo, formemos en Cristo un solo cuerpo y un solo espíritu. 

C1: 
Que él nos transforme en ofrenda permanente, para que gocemos de tu heredad junto con tus elegidos: con María, la Virgen Madre de Dios, su esposo san José, los apóstoles y los mártires y todos los santos, por cuya intercesión confiamos obtener siempre tu ayuda.

C2: 
Te pedimos, Padre, que esta Víctima de reconciliación traiga la paz y la salvación al mundo entero. Confirma en la fe y en la caridad a tu Iglesia, peregrina en la tierra: a tu servidor, el Papa Benedicto, a nuestro arzobispo Luis Románal orden episcopal, a los presbíteros y diáconos, y a todo el pueblo redimido por ti.

Atiende los deseos y súplicas de esta familia que has congregado en tu presencia, en el día glorioso de la resurrección de nuestro Señor Jesucristo según la carne. Reúne en torno a ti, Padre misericordioso, a todos tus hijos dispersos por el mundo.

 A nuestros hermanos difuntos, el Papa Francisco, el Papa Benedicto, y a cuantos murieron en tu amistad recíbelos en tu reino, donde esperamos gozar todos juntos de la plenitud eterna de tu gloria,  

Junta las manos. 
por Cristo, Señor nuestro, por quien concedes al mundo todos los bienes.

Toma la patena con el pan consagrado y el cáliz, los eleva y dice:
CP o CC
Por Cristo, con él y en él, a ti, Dios Padre omnipotente, en la unidad del Espíritu Santo, todo honor y toda gloria por los siglos de los siglos. 
        Amén.  

RITO DE LA COMUNIÓN
Una vez depositados el cáliz y la patena sobre el altar, el celebrante, con las manos juntas, dice:
Fieles a la recomendación del Salvador y siguiendo su divina enseñanza, nos atrevemos a decir:

Extiende las manos y, junto con el pueblo, continúa:
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación, y líbranos del mal.

Solo el celebrante, con las manos extendidas, prosigue diciendo:  
Líbranos de todos los males, Señor, y concédenos la paz en nuestros días, para que, ayudados por tu misericordia, vivamos siempre libres de pecado y protegidos de toda perturbación, mientras esperamos la gloriosa venida de nuestro Salvador Jesucristo.
        Tuyo es el reino, tuyo el poder y la gloria, por siempre, Señor.

Después el celebrante, con las manos extendidas, dice en voz alta:
Señor Jesucristo, que dijiste a tus apóstoles: "La paz les dejo, mi paz les doy", no tengas en cuenta nuestros pecados, sino la fe de tu Iglesia y, conforme a tu palabra, concédele la paz y la unidad. 

Junta las manos. 
Tú que vives y permaneces por los siglos de los siglos
        Amén. 

El celebrante, vuelto hacia el pueblo, extendiendo y juntando las manos, añade: 
La paz del Señor esté siempre con ustedes. 
        Y con tu espíritu. 

Luego, si se juzga oportuno, el diácono añade: 
En el Espíritu de Cristo resucitado, démonos fraternalmente la paz.

Y todos, según las costumbres del lugar, se intercambian un signo de paz, de comunión y de caridad. El celebrante da la paz al diácono o al ministro, y mientras fracciona el pan, se canta:

CORDERO DE DIOS
CORDERO DE DIOS QUE QUITAS EL PECADO DEL MUNDO
TEN PIEDAD DE NOSOTROS, TEN PIEDAD DE NOSOTROS

CORDERO DE DIOS QUE QUITAS EL PECADO DEL MUNDO
TEN PIEDAD DE NOSOTROS, TEN PIEDAD DE NOSOTROS

CORDERO DE DIOS QUE QUITAS EL PECADO DEL MUNDO
DANOS LA PAZ, 

El sacerdote hace genuflexión, toma el pan consagrado y, sosteniéndolo un poco elevado sobre la patena o sobre el cáliz, de cara al pueblo, dice con voz clara:
Éste es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo. Dichosos los invitados a la cena del Señor.  
      Señor, no soy digno de que entres en mi casa, pero una palabra tuya bastará para sanarme.  

Despues reparte la comunion a quienes esten en condiciones, mientras se entona el canto.

ORACION DESPUES DE LA COMUNION
Terminado el canto, el celebrante, con las manos juntas, dice: 
Oremos. 
Dios de bondad, protege paternalmente con amor incansable a tu Iglesia, para que, renovada por los misterios pascuales, pueda llegar a la gloria de la resurrección. Por Jesucristo, nuestro Señor.
            Amen

RITOS FINALES

BENDICION SOLEMNE

Siguen los breves avisos para el pueblo. 

Después tiene lugar la despedida. El celebrante, vuelto hacia el pueblo, extendiendo las manos, dice:
El Señor esté con ustedes. 
        Y con tu espíritu. 

Dios Padre, que por la resurrección de su Unigénito los ha redimido y les ha dado la gracia de la adopción filial los colme con el gozo de su bendición.
        Amén.

Cristo, que por su redención les obtuvo la perfecta libertad, les conceda participar de la herencia eterna.
        Amén.

Y ustedes, resucitados con él en el bautismo por la fe, por medio de una vida santa puedan llegar a la patria celestial.
        Amén.

Y la bendición de Dios todopoderoso, Padre , Hijo ,  y Espíritu Santo , descienda sobre ustedes y permanezca para siempre.
        Amén.  

Luego el diácono, o el mismo celebrante, con las manos juntas, vuelto hacia el pueblo, dice:
Anuncien a todos la alegría del Señor resucitado. Vayan en paz, aleluya, aleluya.
        Demos gracias a Dios aleluya, aleluya.

Despues se retiran a la sacristia.
                                                                                          
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