Libreto | Solemnidad Del Aniversario De La Dedicación De La Catedral Metropolitana


LIBRETO
                                                                                
SANTA MISA SOLEMNE

SOLEMNIDAD DEL
ANIVERSARIO DE LA DEDICACIÓN
DE LA 
CATEDRAL METROPOLITANA

PRESIDE
MONS. LUIS ROMÁN CARD. GALVÁN
ARZOBISPO METROPOLITANO DE MEDELLÍN

CATEDRAL BASÍLICA METROPOLITANA 
DE LA INMACULADA CONCEPCIÓN DE MARÍA
XII.VIII.MMXXVI
                                                                                

RITOS INICIALES

Una vez reunido el pueblo, el obispo se dirige al altar con los ministros, durante el canto de entrada.

Llegado al altar y habiendo hecho la debida reverencia, besarlo en señal de veneración y, si procede, inciensarlo. Luego todos van a las sillas.

Ante la asamblea reunida, al terminar el canto de entrada, el obispo dice:
En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.
        Amén
 
El obispo saluda al pueblo diciendo:
La paz esté con ustedes
        Y con tu espíritu.

El diácono u otro ministro debidamente preparado podrá introducir a los fieles en la misa del día, diciendo:
Hermanos y hermanas, con alegría nos reunimos para celebrar el segundo aniversario de la dedicación de nuestra Catedral Basílica Metropolitana, templo en el que la Iglesia particular se reúne en torno a Cristo y donde, como comunidad elevamos nuestras oraciones al Señor. Pidamos al Señor que haga de nuestra Catedral un verdadero signo de unidad y comunión, y que nosotros mismos, como piedras vivas de la Iglesia, sepamos edificar con nuestra fe y caridad el templo espiritual que Él desea. Dispongámonos a celebrar con gozo esta Santa Eucaristía.

ACTO PENITENCIAL
 
El obispo invita al arrepentimiento diciendo:
Aceptando con humildad que somos pecadores, pidamos perdón a Dios de todo corazón. 

Se hace una breve pausa en silencio. Después, todos dicen en común la fórmula de la confesión general:
Yo confieso ante Dios todopoderoso y ante ustedes, hermanos, que he pecado mucho de pensamiento, palabra, obra y omisión. 
Y, golpeándose el pecho, dicen: 
Por mi culpa, por mi culpa, por mí gran culpa. 
Luego, prosiguen: 
Por eso ruego a santa María, siempre Virgen, a los ángeles, a los santos y a ustedes, hermanos, que intercedan por mí ante Dios, nuestro Señor.
 
Sigue la absolución del celebrante:
Dios todopoderoso tenga misericordia de nosotros, perdone nuestros pecados y nos lleve a la vida eterna.
        Amén.

Señor, ten piedad.
        Señor, ten piedad.

Cristo, ten piedad.
        Cristo, ten piedad.

Señor, ten piedad.
        Señor, ten piedad.

GLORIA
 (Letra de Francisco Palazón)

GLORIA A DIOS EN EL CIELO, Y EN LA TIERRA PAZ A LOS HOMBRES QUE AMA EL SEÑOR. 

POR TU INMENSA GLORIA TE ALABAMOS, TE BENDECIMOS, TE ADORAMOS, TE GLORIFICAMOS, TE DAMOS GRACIAS.

SEÑOR DIOS, REY CELESTIAL, DIOS PADRE TODOPODEROSO. SEÑOR, HIJO ÚNICO, JESUCRISTO, SEÑOR DIOS, CORDERO DE DIOS, HIJO DEL PADRE. 

TÚ QUE QUITAS EL PECADO DEL MUNDO, TEN PIEDAD DE NOSOTROS; TÚ QUE QUITAS EL PECADO DEL MUNDO, ATIENDE NUESTRA SÚPLICA; TÚ QUE ESTÁS SENTADO A LA DERECHA DEL PADRE, TEN PIEDAD DE NOSOTROS. 

PORQUE SÓLO TÚ ERES SANTO, SÓLO TÚ SEÑOR, SÓLO TÚ ALTÍSIMO, JESUCRISTO, CON EL ESPÍRITU SANTO EN LA GLORIA DE DIOS PADRE. 

AMÉN.

ORACION COLECTA
 
Acabado el himno, el obispo, con las manos juntas, dice:
Oremos.
Dios nuestro, que cada año nos permites celebrar el aniversario de la dedicación de tu santo templo, escucha las oraciones de tu pueblo, concédenos ofrecerte en este lugar un culto puro y verdadero y recibir los frutos de tu redención. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo, y es Dios, por los siglos de los siglos.
        Amén.


LITURGIA DE LA PALABRA
 
PRIMERA LECTURA
(Nem. 8, 2-4a. 5-6. 8-10)

Leían el libro de la Ley, interpretando el sentido
 
    Del libro de Nehemías

El sacerdote Esdras trajo la Ley ante la Asamblea, compuesta por los hombres, las mujeres y por todos los que podían entender lo que se leía. Era el primer día del séptimo mes.

Luego, desde el alba hasta promediar el día, leyó el libro en la plaza que está ante la puerta del Agua, en presencia de los hombres, de las mujeres y de todos los que podían entender. Y todo el pueblo seguía con atención la lectura del libro de la Ley.
Esdras, el escriba, estaba de pie sobre una tarima de madera que habían hecho para esa ocasión. Esdras abrió el libro a la vista de todo el pueblo -porque estaba más alto que todos- y cuando lo abrió, todo el pueblo se puso de pie.

Esdras bendijo al Señor, el Dios grande y todo el pueblo, levantando las manos, respondió: «¡Amén! ¡Amén!» Luego se inclinaron y se postraron delante del Señor con el rostro en tierra.

Los levitas exponían la Ley al pueblo, que se mantenía en sus puestos. Ellos leían el libro de la Ley de Dios, con claridad, e interpretando el sentido, de manera que se comprendió la lectura.

Entonces Nehemías, el gobernador, Esdras, el sacerdote escriba, y los levitas que instruían al pueblo, dijeron a todo el pueblo: «Este es un día consagrado al Señor, su Dios: no estén tristes ni lloren.» Porque todo el pueblo lloraba al oír las palabras de la Ley.

Después añadió: «Ya pueden retirarse; coman bien, beban un buen vino y manden una porción al que no tiene nada preparado, porque este es un día consagrado a nuestro Señor. No estén tristes, porque la alegría en el Señor es la fortaleza de ustedes.»

Palabra de Dios.
        Te alabamos, Señor.

SALMO RESPONSORIAL
(Sal 18)
 
    - ¡Tus palabras, Señor, son Espíritu y Vida!

SEGUNDA LECTURA
(1Pe. 2, 4-9)

A manera de piedras vivas, sois edificados
como una casa espiritual
 
    De la primera carta del apóstol san Pedro.

Queridos hermanos:

Al acercarse a él, la piedra viva, rechazada por los hombres pero elegida y preciosa a los ojos de Dios, también ustedes, a manera de piedras vivas, son edificados como una casa espiritual, para ejercer un sacerdocio santo y ofrecer sacrificios espirituales, agradables a Dios por Jesucristo.

Porque dice la Escritura: Yo pongo en Sión una piedra angular, elegida y preciosa: el que deposita su confianza en ella, no será confundido.

Por lo tanto, a ustedes, los que creen, les corresponde el honor. En cambio, para los incrédulos, la piedra que los constructores rechazaron ha llegado a ser la piedra angular: piedra de tropiezo y roca de escándalo. Ellos tropiezan porque no creen en la Palabra: esa es la suerte que les está reservada.

Ustedes, en cambio, son una raza elegida, un sacerdocio real, una nación santa, un pueblo adquirido para anunciar las maravillas de aquel que los llamó de las tinieblas a su admirable luz.

Palabra de Dios.
        Te alabamos, Señor.

ACLAMACIÓN ANTES DEL EVANGELIO
(Lc 4, 18)
 
ALELUYA, ALELUYA, ALELUYA.
ALELUYA, ALELUYA, ALELUYA.
  
EL SEÑOR ME ENVIÓ A EVANGELIZAR A LOS POBRES, A ANUNCIAR LA LIBERACIÓN A LOS CAUTIVOS.

ALELUYA, ALELUYA, ALELUYA.
ALELUYA, ALELUYA, ALELUYA.
 
Mientras tanto, cuando se utiliza incienso, el obispo lo coloca en el incensario. El diácono, que proclamará el Evangelio, inclinándose profundamente ante él, pide en voz baja la bendición:
Padre, dame tu bendición.

El obispo dice en voz baja:
El Señor esté en tu corazón y en tus labios, para que anuncies dignamente su Evangelio; en el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo.

El diácono hace la señal de la cruz y responde:
Amén.

EVANGELIO
(Jn. 2, 13-22)

Se refería al templo de su cuerpo
 
Después el que proclamará va al ambón, y dice:
El Señor esté con ustedes.
        Y con tu espíritu.

Lectura del santo Evangelio según san Juan.
y, mientras tanto, hace la señal de la cruz sobre el libro y luego sobre sí mismo, en la frente, la boca y el pecho.
        Gloria a ti, Señor.
 
Luego el diácono o el sacerdote, si procede, inciensa el libro y proclama el Evangelio.
    - 
Se acercaba la Pascua de los judíos. Jesús subió a Jerusalén y encontró en el Templo a los vendedores de bueyes, ovejas y palomas y a los cambistas sentados delante de sus mesas. Hizo un látigo de cuerdas y los echó a todos del Templo, junto con sus ovejas y sus bueyes; desparramó las monedas de los cambistas, derribó sus mesas y dijo a los vendedores de palomas: «Saquen esto de aquí y no hagan de la casa de mi Padre una casa de comercio.»

Y sus discípulos recordaron las palabras de la Escritura: El celo por tu Casa me consumirá.

Entonces los judíos le preguntaron: «¿Qué signo nos das para obrar así?»

Jesús les respondió: «Destruyan este templo y en tres días lo volveré a levantar.»

Los judíos le dijeron: «Han sido necesarios cuarenta y seis años para construir este Templo, ¿y tú lo vas a levantar en tres días?»

Pero él se refería al templo de su cuerpo.

Por eso, cuando Jesús resucitó, sus discípulos recordaron que él había dicho esto, y creyeron en la Escritura y en la palabra que había pronunciado.

Palabra del Señor.
        Gloria a ti, Señor Jesús.

Luego de besar el libro, lo lleva al obispo quien bendice al pueblo.

HOMILÍA
 
Luego se hace la homilía, que corresponde al sacerdote o al diácono, y que debe hacerse todos los domingos y fiestas de precepto; se recomienda los otros días. 
 
PROFESIÓN DE FE
 
Terminada la homilía se canta el Símbolo o Profesión de fe.

LITURGIA EUCARÍSTICA
 
Terminado lo anterior, comienza el canto para el ofertorio. Mientras tanto, los ministros colocan sobre el altar el corporal, el purificador, el cáliz, la palia y el misal.
 
El obispo, de pie ante el altar, recibe la patena con el pan en las manos y, levantándola un poco por encima del altar, dice la oración:
Bendito seas, Señor, Dios del universo, por este pan, fruto de la tierra y del trabajo del hombre, que recibimos de tu generosidad y ahora te presentamos; él será para nosotros pan de vida. 
 
Luego coloca la patena con el pan sobre el corporal. El diácono o sacerdote vierte vino y un poco de agua en el cáliz, orando en silencio.

Luego, el obispo recibe el cáliz en sus manos y, levantándolo un poco por encima del altar, dice la oración: 
Bendito seas, Señor, Dios del universo, por este vino, fruto de la vid y del trabajo del hombre, que recibimos de tu generosidad y ahora te presentamos; él será para nosotros bebida de salvación.

Luego, coloca el cáliz sobre el corporal.
 
Luego el obispo, profundamente inclinado, reza en silencio. Y, si procede, inciensa las ofrendas, la cruz y el altar. Después, el diácono u otro ministro inciensa al celebrante y al pueblo.
 
El obispo, de pie en el centro del altar, dice:
Oren, hermanos, para que, trayendo al altar los gozos y las fatigas de cada día, nos dispongamos a ofrecer el sacrificio agradable a Dios, Padre todopoderoso.
        El Señor reciba de tus manos este sacrificio, para alabanza y gloria de su nombre, para nuestro bien y el de toda su santa Iglesia.

ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS
 
Luego el obispo dice la oración sobre las ofrendas:
Señor, al recordar el día en que te dignaste llenar de gloria y santidad este templo consagrado a ti, te pedimos que hagas de nosotros una ofrenda digna de tu agrado. Por Jesucristo, nuestro Señor.
        Amén.

PREFACIO
El misterio del templo de Dios, que es la Iglesia
 
Entonces comienza la plegaria eucarística con el prefacio. Dice:
El Señor esté con ustedes.
        Y con tu espíritu.

Levantemos el corazón.
        Lo tenemos levantado hacia el Señor.

Demos gracias al Señor, nuestro Dios.
        Es justo y necesario.

Prosigue el prefacio.
    -
En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno, por Cristo, Señor Nuestro.

Porque en esta casa que nos has permitido construir no cesas de ayudar a tu familia que peregrina hacia ti; en ella simbolizas y actúas admirablemente el misterio de tu comunión con nosotros. Aquí edificas para ti el templo que somos nosotros y haces crecer como Cuerpo de Cristo a la Iglesia diseminada por todo el mundo, que alcanzará su plenitud en la Jerusalén celestial, verdadera visión de paz.

Por eso, unidos a todos los ángeles y santos, en el templo de tu gloria te alabamos, bendecimos y glorificamos, diciendo:

En unión con el pueblo, concluye el prefacio, cantando el himno:

SANTO
 
SANTO, SANTO ES EL SEÑOR, DIOS DEL UNIVERSO. LLENOS ESTÁN EL CIELO Y LA TIERRA DE TU GLORIA. 

HOSANNA EN EL CIELO. 

BENDITO EL QUE VIENE EN NOMBRE DEL SEÑOR. 

HOSANNA EN EL CIELO.

PLEGARIA EUCARÍSTICA I

El obispo, con las manos extendidas, dice:
Padre misericordioso, te pedimos humildemente por Jesucristo, tu Hijo, nuestro Señor,

Junta las manos y dice:
que aceptes

Traza el signo de la cruz sobre el pan y el vino conjuntamente, diciendo:
y bendigas  estos dones, este sacrificio santo y puro que te ofrecemos,

Con las manos extendidas, prosigue:
ante todo, por tu Iglesia santa y católica, para que le concedas la paz, la protejas, la congregues en la unidad y la gobiernes en el mundo entero, con tu servidor el Papa Benedicto, conmigo, indigno siervo tuyo, y todos los demás Obispos que, fieles a la verdad, promueven la fe católica y apostólica.

    C1. Acuérdate, Señor, de tus hijos, y de todos los aquí reunidos, cuya fe y entrega bien conoces; por ellos y todos los suyos, por el perdón de sus pecados y la salvación que esperan, te ofrecemos, y ellos mismos te ofrecen, este sacrificio de alabanza, a ti, eterno Dios, vivo y verdadero.

    C2. Reunidos en comunión con toda la Iglesia, veneramos la memoria, ante todo, de la gloriosa siempre Virgen María, Madre de Jesucristo, nuestro Dios y Señor; la de su esposo, San José; la de los santos apóstoles y mártires Pedro y Pablo, Andrés, y la de todos los santos; por sus méritos y oraciones concédenos en todo tu protección.

Con las manos extendidas, prosigue:
Acepta, Señor, en tu bondad, esta ofrenda de tus siervos y de toda tu familia santa; ordena en tu paz nuestros días, líbranos de la condenación eterna y cuéntanos entre tus elegidos.

Extendiendo las manos sobre las ofrendas, dice: 
Bendice y santifica esta ofrenda, Padre, haciéndola perfecta, espiritual y digna de ti, de manera que se convierta para nosotros en el Cuerpo y la Sangre de tu Hijo amado, Jesucristo, nuestro Señor.

Junta las manos.
Él cual, la víspera de su Pasión,

Toma el pan y, sosteniéndolo un poco elevado sobre el altar, prosigue:
tomó pan en sus santas y venerables manos,

Eleva los ojos. 
y, elevando los ojos al cielo, hacia ti, Dios, Padre suyo todopoderoso, dando gracias te bendijo, lo partió, y lo dio a sus discípulos, diciendo:
TOMEN Y COMAN TODOS DE ÉL, PORQUE ESTO ES MI CUERPO QUE SERÁ ENTREGADO POR USTEDES.

Muestra el pan consagrado al pueblo, lo deposita luego sobre la patena y lo adora, haciendo genuflexión.

Después prosigue:
Del mismo modo, acabada la cena,

Toma el cáliz y, sosteniéndolo un poco elevado sobre el altar, prosigue:
tomó este cáliz glorioso en sus santas y venerables manos, dando gracias te bendijo, y lo dio a sus discípulos, diciendo:
TOMEN Y BEBAN TODOS DE ÉL, ESTE ES EL CALIZ DE MI SANGRE, QUE SERÁ DERRAMADA POR USTEDES Y POR MUCHOS PARA EL PERDON DE LOS PECADOS. HAGAN ESTO EN CONMEMORACIÓN DE MÍ.

Muestra el cáliz al pueblo, lo deposita luego sobre el corporal y lo adora, haciendo genuflexión.

Luego dice:
Éste es el Sacramento de nuestra fe.
    Anunciamos tu muerte, proclamamos tu resurrección. ¡Ven, Señor Jesús!

Después el sacerdote, con las manos extendidas, dice:
Por eso, Padre, nosotros, tus siervos, y todo tu pueblo santo, al celebrar este memorial de la muerte gloriosa de Jesucristo, tu Hijo, nuestro Señor; de su santa victoria del lugar de los muertos y de su admirable ascensión a los cielos, te ofrecemos, Dios de gloria y majestad, de los mismos bienes que nos has dado, el sacrificio puro, inmaculado y santo: pan de vida eterna y cáliz de eterna salvación.

Mira con ojos de bondad esta ofrenda y acéptala, como aceptaste los dones del justo Abel, el sacrificio de Abrahán, nuestro padre en la fe, y la oblación pura de tu sumo sacerdote Melquisedec.

Inclinado, con las manos juntas, prosigue:
Te pedimos humildemente, Dios todopoderoso, que esta ofrenda sea llevada a tu presencia, hasta el altar del cielo, por manos de tu ángel, para que cuantos comulgamos el Cuerpo y la Sangre de tu Hijo, al participar aquí de este altar,

Se endereza y se signa, diciendo:
seamos colmados de gracia y bendición. Por Cristo, nuestro Señor. Amén.

    C3. Acuérdate también, Señor, de tus hijos, que nos han precedido con el signo de la fe y duermen ya el sueño de la paz. A ellos, Señor, y a cuantos descansan en Cristo, concédeles el lugar del consuelo, de la luz y de la paz.

    C4. Y a nosotros, pecadores, siervos tuyos, que confiamos en tu infinita misericordia, admítenos en la asamblea de los santos apóstoles y mártires, Juan el Bautista, Esteban, Matías y Bernabé, y de todos los santos; y acéptanos en su compañía, no por nuestros méritos, sino conforme a tu bondad.

Junta las manos:
Por Cristo, Señor nuestro, por quien sigues creando todos los bienes, los santificas, los llenas de vida, los bendices y los repartes entre nosotros.

El celebrante principal toma la patena con el pan consagrado y el cáliz, y elevándolos, dice:
Por Cristo, con él y en él, a ti, Dios Padre omnipotente, en la unidad del Espíritu Santo, todo honor y toda gloria por los siglos de los siglos.
    Amén.

RITO DE COMUNIÓN
 
Una vez que ha dejado el cáliz y la patena, el obispo, con las manos juntas, dice:
El amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones con el Espíritu Santo que se nos ha dado; digamos con fe y esperanza:
        Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación, y líbranos del mal

El celebrante prosigue él solo:
Líbranos de todos los males, Señor, y concédenos la paz en nuestros días, para que, ayudados por tu misericordia, vivamos siempre libres de pecado y protegidos de toda perturbación, mientras esperamos la gloriosa venida de nuestro Salvador Jesucristo.
        Tuyo es el reino, tuyo el poder y la gloria, por siempre, Señor.

Después el obispo dice en voz alta:
Señor Jesucristo, que dijiste a tus apóstoles: "La paz les dejo, mi paz les doy", no tengas en cuenta nuestros pecados, sino la fe de tu Iglesia y, conforme a tu palabra, concédele la paz y la unidad. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos.
        Amén.

Y añade:
La paz del Señor esté siempre con ustedes
        Y con tu espíritu.

Luego, si se juzga oportuno, el diácono, o el sacerdote, añade: 
- Como hijos de Dios, intercambien ahora un signo de comunión fraterna.

Y cada uno, según la costumbre del lugar, se manifiesta entre sí paz, comunión y caridad; el sacerdote da la paz al diácono y a los demás ministros.
 
Luego, el sacerdote parte el pan consagrado sobre la patena y coloca un trozo en el cáliz, orando en silencio.
 
Se canta o se dice:
CORDERO DE DIOS

- CORDERO DE DIOS, QUE QUITAS EL PECADO DEL MUNDO, TEN PIEDAD DE NOSOTROS.

- CORDERO DE DIOS, QUE QUITAS EL PECADO DEL MUNDO, TEN PIEDAD DE NOSOTROS.

- CORDERO DE DIOS, QUE QUITAS EL PECADO DEL MUNDO, DANOS LA PAZ.
 
El celebrante hace genuflexión, toma el pan consagrado y, sosteniéndolo un poco elevado sobre la patena, lo muestra al pueblo, diciendo:
Éste es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo. Dichosos los invitados a la cena del Señor.
        Señor, no soy digno de que entres en mi casa, pero una palabra tuya bastará para sanarme.
 
Después de comulgar, los ministros se acercan a los que quieren comulgar y les presenta el pan consagrado, diciendo a cada uno de ellos:
El Cuerpo de Cristo.
         Amén.

Al terminar de repartir la comunión, el obispo puede ir a la sede. Si se juzga oportuno, se pueden guardar unos momentos de silencio o cantar un salmo o cántico de alabanza.
 
Y todos oran en silencio durante unos momentos, a no ser que este silencio ya se haya hecho antes.

ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN
 
Después el obispo, con las manos extendidas, dice la oración después de la comunión.
Oremos.
Te pedimos, Padre, que el pueblo consagrado a ti reciba la alegría y los frutos de tu bendición, para que comprenda que se ha hecho realidad en su interior el misterio celebrado en este día. Por Jesucristo, nuestro Señor.
        Amén.


RITO DE CONCLUSIÓN
 
BENDICIÓN SOLEMNE
(Apostólica)
 
En este momento se hacen, si es necesario y con brevedad, los oportunos anuncios o advertencias al pueblo.
 
Después tiene lugar la despedida. El sacerdote extiende las manos hacia el pueblo y dice
El Señor esté con ustedes.
        Y con tu espíritu.

Bendito sea el nombre del Señor.
        Ahora y para siempre

Nuestro auxilio es el nombre del Señor.
        Que hizo el cielo y la tierra.

Dios, Señor del cielo y del mundo, que los ha reunido hoy para conmemorar la dedicación de esta iglesia, los colme con la abundancia de su bendición.
        Amén.

Él, que quiso congregar por medio de su Hijo único, a todos sus hijos dispersos, les conceda ser templo y morada del Espíritu Santo.
        Amén.

Él, que los ha purificado habite en ustedes, y les conceda alcanzar, junto con todos los santos, la felicidad eterna,
        Amén.

Y la bendición de Dios todopoderoso, del Padre , del Hijo y del Espíritu Santo , descienda sobre ustedes y permanezca para siempre.
        Amén.
 
Luego el diácono, o algún ministro, despide al pueblo, diciendo:
Pueden ir en paz.
        Demos gracias a Dios.

Después el sacerdote se retira a la sacristía.

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