Homilía | Toma de Posesión Canónica


HOMILÍA TOMA DPOSESIÓN CANÓNICA
 COMO IV ARZOBISPO METROPOLITANO -
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Queridos hermanos en el episcopado; 
Estimado presbiterio y diaconado de esta Iglesia particular; Comunidades religiosas, seminaristas y todo el pueblo santo de Dios que habita en esta amada Arquidiócesis de Medellín; Amigos y hermanos todos en el Señor:

Con el corazón conmovido y la fe puesta únicamente en la gracia de Cristo, asumo hoy, ante Dios y ante ustedes, el oficio pastoral como Arzobispo Metropolitano de esta entrañable Iglesia particular. Vengo desde la tierra del Tepeyac a estas hermosas montañas de Antioquia no por iniciativa propia, sino respondiendo al llamado del Señor a través del Sucesor de Pedro. Cruzo el umbral de este templo abriendo los brazos para abrazar la historia, las alegrías, los dolores, las esperanzas y la fe vibrante de esta tierra paisa.

Para esta celebración importante no solamente para la Arquidiócesis sino también para mi he escogido unas lecturas profundamente reflexivas, la Palabra de Dios proclamada hoy no solo ilumina este momento de gracia, sino que traza de manera inequívoca la hoja de ruta de mi ministerio episcopal entre ustedes.

El profeta Ezequiel pone en boca de Dios una promesa conmovedora: «Yo mismo buscaré a mis ovejas y las cuidaré. Vendaré a la oveja herida y curaré a la enferma». Dios no se desentiende de su rebaño; no es un pastor asalariado. Él conoce el nombre de sus hijos y busca con especial ternura a la oveja descarriada o herida.

Hermanos de Medellín: el primer compromiso que asumo hoy ante ustedes es el de reflejar este rostro compasivo del Buen Pastor. Quiero ser un obispo cercano, un padre de puertas abiertas y corazón dispuesto. Sé bien que esta hermosa región ha conocido a lo largo de su historia profundas luces de fe, emprendimiento y generosidad, pero también las sombras de la violencia, la desigualdad y el dolor. Sabemos bien que hace menos de un año esta iglesia sufrio fuertemente y vio la oscuridad pero con ayuda de sus pastores y de cada uno de ustedes, miembros de esta grey amada volvió a ver la luz entre las tinieblas, la luz de la verdad y con verdaderos pastores logro recuperarse de fuertes rupturas. A cada persona golpeada por el sufrimiento, a los jóvenes que buscan horizontes de esperanza y a cada miembro de esta iglesia, les digo hoy: la Iglesia de Medellín es su casa, y su Arzobispo camina a su lado para sanar heridas con el bálsamo del Evangelio.

En el que escuchamos hemos proclamado con convicción: «Dios es mi auxilio, el Señor sostiene mi vida». Asumir la guía de una arquidiócesis de la magnitud, la historia y la fecundidad de Medellín sobrepasa por completo mis fuerzas humanas. Si mirara únicamente mis capacidades, el temor paralizaría mis pasos. Pero al igual que en el Salmo, hago de esta oración mi baluarte. Sé que no camino solo: Dios es mi auxilio, y cuento con la entrega generosa de un presbiterio ejemplar, de una vida consagrada ferviente y de un laicado dinámico que es auténtico sal y luz en medio de la sociedad.

En la segunda lectura, san Pablo nos regala ese himno teológico grandioso sobre el proyecto de Dios: nos eligió en Cristo antes de la creación del mundo para que seamos santos e irreprochables por el amor, habiéndonos predestinado a ser sus hijos adoptivos.

Esta es la vocación de nuestra Arquidiócesis: recordar a cada hombre de esta tierra la altísima dignidad que posee en Cristo. No fuimos creados para la mediocridad ni para la desesperanza, sino para la gloria de la gracia de Dios. Mi anhelo como su pastor es que promovamos una Iglesia en permanente salida misionera, donde el anuncio del Evangelio renueve la cultura, las familias, la educación y las estructuras sociales de nuestro territorio.

En el Santo Evangelio, Jesús nos deja su testamento espiritual antes de la Pasión: «Les doy un mandamiento nuevo: que se amen los unos a los otros como yo los he amado. En esto conocerán todos que son mis discípulos». No hay programa pastoral más audaz ni más urgente que el amor fraterno. La identidad de esta Iglesia diocesana no se medirá solo por sus grandes obras o estructuras, sino por la calidad de nuestro amor.

Pido a mis hermanos sacerdotes que vivamos una fraternidad sacerdotal sincera, siendo los primeros en testimoniar la unidad. Pido a toda la comunidad diocesana que caminemos juntos, en sinodalidad, haciendo de Medellín una ciudad donde el Evangelio del amor derribe las murallas del odio y la división.

Inicio este camino encomendándome a la protección de Nuestra Señora de la Candelaria, patrona de esta arquidiócesis. Ella, que lleva en sus brazos la Luz de las Naciones, ilumine mis pasos y los de todos ustedes. Que al igual que la Santísima Virgen de Guadalupe me acompañó en la tierra mexicana, la Virgen de la Candelaria me enseñe a servir a esta amada Iglesia con la misma prontitud y humildad.

Hermanos: oren por mí, para que sea un pastor según el corazón de Cristo. Hoy me entrego por entero a ustedes.

¡Que el Señor bendiga a Medellín y a toda Colombia! Amén.

Roberto Card. Delgado
Roberto Card. Delgado OC-M
Arzobispo Metropolitano

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